¡Siempre con vosotros! (06/22)

Artículo publicado en Revista RIE de mayo de  2022

Orar cuando descansas

Dependiendo del lugar donde vivas, quizás estás empezando las vacaciones de verano o todo lo contrario: te encuentras en pleno curso, de una actividad para otra. Sea como sea, siempre hay un lugar para el descanso. Durante el verano, disfrutamos de la tranquilidad, la familia, los amigos, el campo o la playa… ¡y muchos del campamento RIE, que estáis esperando con tantas ganas!

A lo largo del curso, entre nuestras actividades y tareas, siempre necesitamos un tiempo para parar y recargar energías para poder continuar.

«Descansad un poco»
Vamos a detenernos en cómo podemos rezar en nuestros tiempos de descanso, ya sean muy largos o más breves. Y lo vamos a hacer de la mejor manera: de la mano de nuestro gran amigo san Manuel, maestro de oración. En su libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario hay un capítulo que nos habla precisamente de esta frase: «Descansad un poco». ¿Sabes de dónde la ha sacado san Manuel? Del mismo Jesús. Después de un día ajetreado para Él y sus discípulos, les dijo: «Venid a descansar un poco» (puedes encontrar el texto entero en el Evangelio de Marcos 6,30-32). Seguro que san Manuel rezó con este pasaje muchas veces y, gracias a eso, nos ha regalado una reflexión que te será muy útil en tus momentos de descanso.

Toma distancia
Nos hace mucho bien apartarnos un poco de nuestras tareas y de las personas con las que nos juntamos, para centrar nuestra cabeza y nuestro corazón solo en Él. Jesús nos ayuda a entender nuestra vida de una manera distinta. Te voy a poner un ejemplo: Imagínate que estás en un museo, contemplando un cuadro. Si te pegaras a ese cuadro, ¿qué verías? seguramente alguna mancha de color, como mucho algún objeto o un rostro. Pero no verías el cuadro completo, ni entenderías esa mancha o ese objeto por sí solo. Necesitas alejarte para ver el cuadro completo y valorar la obra de arte que tienes delante.

Podemos comparar nuestra vida con ese cuadro. Durante nuestro día a día hacemos muchas cosas y estamos muy cercanos a ellas. Nos puede pasar que no tengamos una visión clara de las cosas que hacemos y eso hace que las vivamos con mayor inquietud, con más incertidumbre…

Por ejemplo, cuando te peleas con un amigo, en el momento el enfado es muy grande, pero cuando vuelves a casa, ya lejos de él, y cuando ha pasado algo de tiempo, el enfado disminuye y quizás te das cuenta de que lo que ha pasado entre vosotros no es para tanto, o te haces consciente de que tú también tienes tu parte de culpa. También te puede pasar que te has enterado de una fiesta o un concierto y con tus amigos te has hecho la ilusión de ir. En ese momento tienes clarísimo que vas a ir, pero cuando vuelve la calma y estás a solas, recuerdas que estás en época de exámenes, o que tienes un partido muy importante, y necesitas ese tiempo para estudiar o entrenar, aunque tengas que dejar de lado lo que tenías tantas ganas de hacer. O cuando tus padres te piden algo y tú no lo entiendes… quizás con el tiempo te das cuenta de que lo que querían era lo mejor para ti. En tus momentos de soledad, Jesús quiere ayudarte a ver las cosas más claras.

Venid Conmigo
La invitación que nos hace Jesús es a descansar con Él. San Manuel nos pone otro ejemplo para entender cómo Jesús nos ayuda a ver la verdad de nuestra vida: nos habla del agua y del aceite dentro de un vaso. Si los agitas con violencia, se mezclan, pero cuando los dejas reposar, el agua queda al fondo y el aceite flota, de forma que los dos quedan separados.

San Manuel hace esta comparación haciendo referencia a lo que viene de Jesús en nuestra vida y lo que viene de nosotros mismos. Con las prisas del día a día, nuestro interior puede agitarse y todo se mezcla, como el agua y el aceite del vaso. Pero cuando paramos, cuando vamos con Jesús y descansamos con Él, viene la calma y lo que está revuelto dentro de nosotros (enfados, dudas, miedos…) se va recolocando. ¿No te ha pasado alguna vez? Quizás has ido a visitar a Jesús en el Sagrario o has ido a Misa un poco triste o enfadado y cuando has terminado de estar con Él, te sientes de otra manera, lo que te enfadaba no lo ves tan grave, o has visto el lado bueno de aquello que te ponía triste.

En la oración también puedes pararte a pensar en todas las cosas buenas que hay dentro de ti, como tu alegría, tu inteligencia, tu buen humor, tu servicio a los demás, o cualquier otra cosa que tú sepas que hay de bueno en tu corazón. San Manuel nos invita a agradecer a Jesús nuestros valores, porque son un regalo que Él nos hace para ofrecerlos a los demás. Por otro lado, puedes repasar, con Jesús, los fallos que tienes: quizás eres un poco cabezota, o te cuesta perdonar, o crees que tú haces las cosas mejor que nadie… tú mejor que nadie sabes qué es lo que te cuesta. No importa, Jesús te pide que vayas a Él y que lo dejes en sus manos, Él te perdona y te da la fuerza para seguir caminando.

Recarga tus energías
Tanto si estás en vacaciones de verano como si estás inmerso en las prisas del día a día, te invito a buscar tus ratos de descanso con Jesús. Aquí tienes una oración que puedes hacer en esos momentos. La oración te ayuda a pedirle a Jesús lo que ya has leído: estar a solas con Él, alejarte de tu día a día, reconocer sus regalos y poner tus fallos en sus manos. Y para que te quede bien grabado en tu corazón, repite mucho la siguiente frase de san Manuel: «Descansad un poco ante vuestro Sagrario antes de empezar vuestro día y después de darle remate».

Oración del descanso
Corazón Eucarístico de Jesús, quiero descansar en ti.
En este rato Contigo quiero descansar mis ojos,
mis oídos, mis pies y mis manos,
para que toda mi actividad se centre
en que mi corazón esté solo Contigo.
En este rato de calma, concédeme, Jesús
reconocer todas las cosas buenas que me das:
la fortaleza para trabajar,
la valentía para defender la verdad,
el perdón hacia quien me molesta,
la atención para quien lo necesita…
[aquí puedes hacer silencio y pensar
en los regalos que te hace Jesús].
Ayúdame también, Jesús,
a no tener miedo de descubrir mi pequeñez,
los fallos que he cometido,
para poder ponerlos en tus manos
y que Tú los transformes,
para que pueda volver a empezar
y cada día parecerme un poco más a ti.
Jesús, enséñame a descansar un poco,
cada día, ante tu Sagrario.

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