Cien por cien eucarísticas (01/22)

Artículo publicado en revista RIE de enero de 2022.

Compartiendo la vida con los pobres, los preferidos de Dios

San Manuel González ha sido un apóstol incansable, lo sabemos. El encuentro de cada día con Jesús Eucaristía le llevaba a contemplar el rostro del Señor en los demás, sobre todo en los pobres y abandonados. Ellos eran sus preferidos.

En este punto preciso nos queremos detener: Jesús Eucaristía era el punto de partida y de llegada de la vida de san Manuel. Era el Señor quien le impulsaba a dedicar sus horas con muchísima ilusión a la causa de los pobres.

Encuentro con Jesús
Sabemos que su experiencia de encuentro con Jesús Eucaristía en el Sagrario de Palomares del Río le dejó una huella muy viva de su abandono: Jesús estaba allí, solo, descuidado, abandonado. A partir de ese momento aprendió a ver el abandono de Jesús en su vida eucarística, sin olvidar a los muchos hermanos que, como Jesús, pasan sus días solos, descuidados y abandonados.

Nosotras, Misioneras Eucarísticas de Nazaret, recibimos del Señor una llamada especial a estar atentas a quienes están solos, descuidados y abandonados: Jesús en la Eucaristía y los hermanos. En realidad, somos llamadas y enviadas a dedicar nuestra vida a dos pobres y abandonados: Jesús y el hermano. Cristo nos invita a estar muy cerquita suyo, a caminar con Él, a buscar su rostro siempre. ¡Qué bonita misión!

Jesús en la Última cena (la institución de la Eucaristía) prepara un clima de celebración especial porque es la cena de despedida antes de ser entregado y caminar hacia la cruz. En ese momento quiso dejar bien grabado en el corazón de cada uno de sus discípulos, sus amigos, el recuerdo de lo que ha sido siempre su vida: pasión por Dios y entrega total a todos los hermanos. Es como si dijera: «Así soy yo. Os doy mi vida entera. Mirad: este pan es mi cuerpo que se parte por vosotros; este vino es mi sangre que se derrama por todos. No me olvidéis nunca. Haced esto en memoria mía. Recordad mi entrega por cada uno de vosotros y por todos. Esto alimentará vuestras vidas».

En este clima de cercanía y amistad con Jesús, cada una de nosotras, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret nos sentimos llamadas e impulsadas a entregar nuestra vida sin condiciones a los demás, a los hermanos que Jesús nos da, viendo en cada uno de ellos el rostro del Señor. Esta misión que se nos encomienda empieza allí donde vivimos, pues es en la vida de todos los días donde urge atender cada una de las necesidades de las personas que encontramos en nuestro camino. Y estas necesidades no son solo de comida, de vestido o de hogar, sino que también hay necesidades como falta de cariño, de compañía, de escucha, e incluso, muchas veces, la falta de un abrazo.

Encuentro con los hermanos
San Manuel pasaba del abandono de Jesús Eucaristía al abandono de los hermanos de Jesús, y de la distribución del Pan en la mesa eucarística a la distribución del pan en la mesa de los pobres. Queremos seguir aprendiendo de la vida de este santo tan querido por todos nosotros, y te invitamos a sumarte a nuestras ganas de seguir caminando por el sendero que nos ha trazado. ¿Estás dispuesto/a a caminar descubriendo estas «presencias» de Jesús?

¡Vamos! ¡Seamos siempre misioneros/as! En nuestra vida de todos los días tenemos la posibilidad de encontrarnos con algunos, o tal vez muchos, pobres y abandonados. Mientras caminamos, no nos olvidemos de estar atentos y dispuestos a dar cuanto somos y tenemos para ese Jesús que vemos en el hermano que sufre y pasa necesidad, y que pasa sus días solo, descuidado y abandonado, como Jesús en muchos Sagrarios de la tierra.

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