¡Siempre con vosotros! (11/22)

Artículo publicado en Revista RIE de octubre de  2022

Orar cuando estás cansado

Si haces memoria del artículo de verano de esta sección, recordarás que hablábamos de orar cuando descansamos. En esa ocasión nos detuvimos en la importancia de reservar un tiempo para descansar y estar con Jesús, para descansar con Él y, así, prestar atención a lo que hay en tu corazón y escuchar lo que Jesús quiere decirte.

Sin embargo, a veces nos encontramos en situaciones en las que, aunque nos sentimos cansados o agobiados, no podemos tomarnos ese tiempo de descanso, por muchas razones. Por ejemplo: te sientes muy cansado pero mañana tienes un examen muy importante y tienes que estudiar, o te gustaría pasar una tarde tranquila en casa pero tienes que entrenar para el partido, o ensayar para un concierto, o quizás tus padres o tus amigos te han pedido un favor importante… Hay cosas que son importantes y por las que tenemos que dejar nuestro espacio de descanso para más adelante.

Jesús te entiende
En medio de los momentos de cansancio, cuando no tenemos oportunidad de buscar un espacio para parar y descansar, también podemos rezar, tener presente a Jesús, contarle cómo estamos y escucharle. Él nos comprende a la perfección, porque también pasó por momentos de cansancio. Así nos lo dice el Evangelio de Juan: «Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo» (Juan 4,6). Estaba cansado porque iba caminando de Judea a Galilea (¡y hablamos de 150 kilómetros a pie!).

En otra ocasión el Evangelio nos cuenta que acudían tantas personas a Jesús que «no tenía ni tiempo para comer» (Marcos 6,30). ¿Alguna vez has estado muy cansado y has tenido que comer un poco más tarde de lo normal? Pues a Jesús también le pasaba.

Jesús oraba al Padre
Jesús siempre se acordaba de su Padre, incluso en los momentos de mayor trabajo. El Evangelio de Lucas nos dice que, cuando la gente empezó a conocer a Jesús, acudían a Él de todas partes para pedirle ayuda. También dice así: «Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración» (Lucas 5,16). Este es un ejemplo de cómo Jesús se acordaba de su Padre. Te animo a que busques en los Evangelios más ejemplos, verás que para Él cualquier momento era una buena ocasión para rezar. Tú también puedes rezar en todo momento, también en medio de las actividades del día a día.

Ponte en sus manos
En la oración podemos dar gracias a Jesús por las cosas que nos pasan, pedirle perdón cuando no hacemos las cosas bien, pedirle ayuda cuando la necesitamos… pero no es lo único. Te invito a que no entiendas la oración como una tarea más en tu día a día, pues es mucho más. ¿Alguna vez has sentido que la oración puede ser un momento de descanso? Incluso cuando solo tienes unos pocos minutos para pararte y pensar en Jesús, en ese corto espacio de tiempo puedes ponerte en sus manos tal y como te encuentres: cansado, agobiado, también con la ilusión de que salga bien lo que tienes entre manos…pon tu mirada en Él, que te ayudará a seguir adelante.

De la mano de María
Nuestro amigo san Manuel escribió una bonita oración a María para pedirle que nos ayude en los momentos de cansancio. En esta oración, le pide a Nuestra Madre que no nos cansemos, incluso en los momentos difíciles.

Fíjate en la oración: habla del desánimo por la ingratitud, es decir, cuando los demás no se dan cuenta y no valoran las cosas que hacemos por ellos. Además, san Manuel escribe: «aunque la flaqueza nos ablande…». La palabra flaqueza puede referirse a nuestro cansancio físico, pero también puedes pensar en cuando aparece en tu vida la tentación de no tener en cuenta a los demás y pensar solo en ti mismo. También en esos momentos, san Manuel le pide a María:«¡Madre, que no nos cansemos!».

Finalmente, san Manuel nos invita a tener nuestra mirada siempre en los demás y en Jesús, y también nos anima a valorar, en medio del cansancio, las cosas buenas que nos quedan: un poco de energía, una palabra amable, ese poco de fuerzas para dar algunos pasos más… ese «poco» que podamos dar es muy importante.

¡Que no nos cansemos!
En tus visitas a Jesús, te animo a que leas esta oración con calma y te detengas en las palabras que más llamen la atención. Seguro que Jesús, con esas palabras, quiere decirte algo muy especial. Y cuando tengas mucho trabajo y no puedas pararte a descansar como te gustaría, al menos repítele a María esta frase: «Madre Inmaculada, ¡que no nos cansemos!».

¡Madre nuestra! ¡Una petición! ¡Que no nos cansemos!
Sí, aunque el desaliento por el poco fruto
o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande,
¡Madre querida, ¡que no nos cansemos!
Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre
con los ojos de la cara fijos en el prójimo
y en sus necesidades y con los ojos del alma
fijos en el Corazón de Jesús, que está en el Sagrario,
ocupemos nuestros puestos, el que a cada uno ha señalado Dios.
¡Nada de cruzarse de brazos! Madre nuestra, otra vez.
¡Que no nos cansemos!
Mientras nos quede un poco de energía que gastar, una palabra que decir,
un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies…
que puedan servir para dar gloria a Él y a Ti
y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos…
¡Madre mía!, por última vez: ¡Morir antes que cansarnos!

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