Melodías que acercan a Dios (05/22): La estrella

Artículo publicado en revista RIE de mayo de 2022.

Todos buscamos nuestra estrella

La última vez que os escribí os comentaba que tenía la sensación de haber viajado mientras preparaba y escribía aquel artículo. Ahora os digo más: todo lo que voy escribiendo en esta sección es un viaje, un camino con paradas maravillosas. En Aunque es de noche tomé el desvío hacia Enrique Morente y me apetece mucho hacer una parada más con vosotros en su música antes de seguir la ruta.

Una curiosidad sobre Morente es que, igual que san Manuel fue seise de pequeño en la catedral de Sevilla, así lo fue también Enrique en la de Granada. En esa ciudad nació, en el famosísimo barrio del Albaicín. Leyendo sobre él veo que reconocen ampliamente su arte, pero me ha sorprendido que también se considera un grande por sus conocimientos, como estudioso del flamenco.

Pero lo mejor que puedo decir de Enrique Morente es lo que me ha pasado al escuchar su música. A los que sabemos poco del flamenco a veces nos da un poco de miedo este estilo: pensamos que es algo repetitivo y difícil de comprender, aburrido para quien no lo vive. Ya me estaba quitando este prejuicio hacia la guitarra flamenca y ahora Morente me lo ha quitado hacia el cante. Es verdad que hay mucho que aprender o experimentar para sacar jugo a su escucha, pero hay temas, como este, que se pueden oír con gusto por cualquiera.

La estrella
Podemos encontrar el tema La Estrella en el disco del mismo nombre que lanzó en 1996. Lo interesante de la portada del disco es que la estrella que aparece es ¡una flor!, la estrella de las nieves, que se puede encontrar en Sierra Nevada. La canción pertenece al palo flamenco llamado tangos y, según los créditos del disco, entre las voces que acompañan está la de su hija Estrella Morente que por entonces tendría unos 15 o 16 años.

Al escuchar la canción, oímos en primer lugar la guitarra, con una primera introducción que tiene su propia melodía. Parece cantar dos frases acompañándose a sí misma y volverá a tener su protagonismo y melodía en otros silencios de la voz, con esas frases o incluso una melodía similar a la principal. El resto de la introducción, y otras ocasiones que se queda sola, nos prepara a escuchar la voz y cuando queda de acompañamiento es un elemento que mantiene y refuerza la intensidad y tensión, como lo son también las otras voces o las palmas cuando se unen. En todos estos ingredientes, pero muy especialmente en la voz principal, me llama la atención justo eso: una intensidad y tensión creciente en cada verso, como una escalera cada uno parece terminar más arriba que el anterior.

Búsqueda y esperanza
Creo que cualquiera se puede sentir identificado con esta canción. Queremos poner nuestra esperanza en algo o en alguien, una estrella que nos guíe, nos dé fuerza y nos alumbre . Que una hija de Enrique se llame Estrella me hace pensar que la canción iba por ella, aunque solo fuese en parte. Y es que los hijos son una estrella que nos guían a los padres por mejores caminos… y nosotros queremos ser estrellas para ellos también. Ocurre parecido con los amigos, nuestros compañeros de camino por la vida. También unos ideales elevados pueden ser estrella, pero lo son mucho mejor las personas.

Y ese mundo con más verdades, clemencia y piedades; sin odios, fusiles, misiles, ni venenos… ¿no es como el Reino de Dios que Jesús nos anuncia? Parece la versión modernizada de lo que Isaías anticipaba: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra».

Un lío… que aclara
Hay un cierto lío de tiempos verbales en la canción. No quiero daros ahora una clase de lengua pero me parece importante el paso por condicional, pasado, presente y futuro. Dice lo que haría con la estrella si la encontrase, pero también que en el pasado entró en su sentimiento y le inflamó, pide en presente que la estrella le lleve y habla de un futuro con la esperanza de que llegue. Este batiburrillo me parece necesario. Incluso creo que es de lo que más me lleva a pensar en Jesús y el Reino de Dios. Porque a mí me falta Jesús, quiero encontrarlo y llevarlo muy dentro de mí… pero a la vez ya me he encontrado con Él y me ha dejado entre llamas. Jesús está conmigo ya… pero todavía necesito encontrarle… ¡Si le encontrara!

Para terminar, pienso en la estrofa «Me llevarías por caminos y por montes». La escucho y pienso que son las palabras perfectas para dedicarle al Buen Pastor, nuestra estrella.

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