Cien por cien eucarísticas (04/22)

Artículo publicado en revista RIE de abril de 2022.

¡La mayor fidelidad! ¡El mayor silencio! ¡La mayor obediencia!

Queridos RIE-amigos: Ha sido una gran alegría, un regalo grande del Señor, haber caminado durante todo un año tratando de conocer juntos y más de cerca la vida y misión de las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en el año del Centenario de su fundación. Sabemos cuánto cariño le tenéis a las Hermanas, sabemos con cuánta alegría visitáis Nazaret para encontraros allí con Jesús Eucaristía y con cuánta ilusión compartís la vocación de ser amigos de Jesús Eucaristía.

Con este encuentro de hoy cerramos este camino del Centenario y lo haremos recordando las palabras que don Manuel dejó como testamento, al final de su vida, para cada una de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret (que por entonces se denominaban Marías Nazarenas).

Para poder comprender el significado profundo de estas palabras vamos a buscar un libro que se llama El Obispo del Sagrario Abandonado, que es una de sus biografías. Allí se nos cuenta: «Cuando don Manuel estaba llegando al final de su vida, su hermana que tanto cariño le tenía, se le acerca con el deseo de pedirle unas palabritas para su Nazaret, es decir para las hermanas de ese entonces y para todas las que vinieran después. Él con una mirada tierna y profunda le mira y María Antonia le afirma:

– Sí, Manolo, unas palabritas para tu “Nazaret”. ¿Qué quieres para las hermanas?
– ¡La mayor fidelidad! ¡El mayor silencio! ¡y la mayor obediencia!».

En este diálogo san Manuel nos lo ha dicho todo. ¿Te ha parecido breve? En esas tres palabras él resumía lo que debía ser toda la vida de sus Misioneras, ese era el testamento que don Manuel dejaba para sus hijas.

Entremos juntos en el corazón de estas palabras, que estoy segura que tendrán algo que decirte también a ti que ahora estás leyendo.

La mayor fidelidad
Pero, fidelidad ¿a quién? ¡A Jesús Eucaristía! que nos ha llamado, nos ha invitado a vivir nuestra vida con Él y solo para Él. Significa ser fieles a nuestra vocación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret y es, sobre todo, una fuerte llamada a ser fieles al amor incondicional de Dios, que nos amó primero, que nos ama siempre y se entrega por nosotros en cada Eucaristía cada día y todos los días.

El mayor silencio
¿Por qué es importante el silencio? Porque al hacer silencio en nuestra vida, en el ambiente exterior pero sobre todo en el corazón, se crea ese espacio donde las relaciones crecen y la amistad con Dios se hace más fuerte. Haciendo silencio creamos el espacio para que Dios pueda hablar, y para volver a escuchar su llamada a seguirle, si es que en algún momento lo olvidamos.

La mayor obediencia
Obedecer, como obedeció Jesús. ¡Nada más y nada menos! ¿Qué significa esto? San Manuel nos invita a obedecer porque, en realidad, quiere que sepamos escuchar. Mientras crecemos en nuestra amistad con Jesús entramos cada vez más en sintonía con Él, y en esa sintonía que une los corazones de los amigos es muy importante escuchar con atención y con interés. Jesús nos llama a vivir en actitud de escucha para obedecer con mayor libertad y vivir la vocación misionera con disponibilidad total.

En camino con tres palabras
Con tres palabras (fidelidad, silencio y obediencia) san Manuel traza el camino a seguir por sus Misioneras Eucarísticas, pero, ¡atención!, a cada una de estas tres palabras agrega otra palabrita, la misma para las tres: «mayor». Por lo tanto, nos pide vivir este camino misionero a lo grande, es decir, con la más grande disponibilidad.

Las Misioneras Eucarísticas de Nazaret hemos sido llamadas a eucaristizar, a anunciar la presencia de Jesús en la Eucaristía, para que todos conozcan este amor tan especial que Jesús siempre nos regala. Pero esto hemos de realizarlo con la mayor fidelidad, el mayor silencio y la mayor obediencia. Otro detalle que agrega san Manuel es que si esto lo viven de verdad sus misioneras «Nazaret seguirá viviendo».

Esa despedida no es despedida, en Jesús Eucaristía estamos y estaremos siempre unidos. Y si tu vocación y la nuestra la vivimos con la mayor fidelidad, el mayor silencio y la mayor obediencia, tenemos asegurada una vida feliz de la mano de Jesús, nuestro todo.

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