Arte para ilustrarte (4/22): Anastasis

Artículo publicado en revista RIE de abril de 2022.

Para comprender mejor la resurrección

descenso_infiernos¿Te gusta ver cuadros y pinturas? ¿Tienes alguna preferida? ¿Sabes qué es un icono? Hoy quiero mostrarte un modo nuevo de encontrarte con Jesús: a través de las imágenes sagradas, que reciben el nombre de iconos. Estos captan la palabra de Dios a través de la luz y el color. Y ya esta palabra nos es más familiar, porque el mismo Jesús es la imagen visible de Dios, a través de su humanidad. ¡Sí, Jesús mismo lo dice! «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9).

San Juan Damasceno, un santo de los primeros siglos, dijo: «Las imágenes son el catecismo de los que no leen». ¿Te imaginas qué importante eran las imágenes para la gente de esa época antigua, que no sabía leer ni escribir? Pues a través de ellas podían conocer a Jesús y aprender la buena noticia de su enseñanza. Hoy, por tanto, te presento un icono, con el deseo de que también tú te puedas encontrar con Jesús. Seguramente tiene algo que decirte, ¿estás preparado? Se trata del icono de la resurrección de Cristo y su descenso a los infiernos (llamado «La anástasis», palabra griega que significa «resurrección»).

¡Cristo resucitó!
La Iglesia nos enseña que Jesús «resucitó de entre los muertos» (Hch 3,15; Rm 8,11; 1Co 15,20) lo cual presupone que, después de su muerte y antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la Buena Nueva a los espíritus que estaban allí detenidos. ¡Jesús fue a llevarles la vida, su Vida!

Cada parte del icono tiene un significado. Eso es así porque el pintor de iconos quiere dejarse inspirar por Dios, ser un intérprete del Espíritu Santo, más que un artista técnicamente perfecto. Pretende crear un ambiente espiritual y sumergirnos en él, transmitir un mensaje religioso, al desvelar una faceta de algún misterio de Cristo, de la Virgen o de algún santo. Por eso, el artista previamente se dedica al ayuno y la meditación, para estar disponible y escuchar cuanto Dios quiera inspirarle.

En nuestro icono, el mundo subterráneo está representado al modo de una caverna pedregosa que forma una especie de cúpula por encima de los prisioneros. La gruta está recorrida por grietas y fisuras. La puerta de doble batiente de madera, provista de una cerradura de hierro ha sido arrancada, y Cristo pisotea a Satanás, vencido y encadenado, que parece a punto de caer fuera del marco de la miniatura.

La figura de Cristo ocupa el centro del icono, en medio de una especie de puerta azul, que se ve por atrás, que significa el universo, el tiempo y la historia, porque Él es el Señor del universo, del tiempo y de la historia. Su cuerpo resucitado muestra una pose impetuosa sobre las puertas del infierno, derrumbadas a sus pies, signo de su victoria sobre la muerte. Viste un amplio vestido blanco, como revestido de poder y de gloria, que le envuelven expresando movimiento, como si el portador tuviese prisa en acabar el trabajo que allí le ha llevado.

Lo rodean unas estrellas amarillas, que iluminan el lugar de los muertos, simbolizando la luz sin ocaso del octavo día, el día de la nueva creación que Él inaugura con su resurrección. También podrás ver la aureola sobre su cabeza, propia de la divinidad, ya que ¡Él es el Hijo de Dios!

Su cuerpo parece escapar a las leyes físicas por la gracia con la que se mueve sobre la gruta oscura que a sus pies simboliza el Hades o al mismo Satanás, y por la impresión que dan de fortaleza los brazos que tiran de Adán y Eva.

Adán, los santos, los salvados…
La mirada de Cristo parece dirigirse al observador del icono, invitándole a sumarse al grupo de los rescatados, mientras con sus manos coge por las muñecas a Adán y a Eva. Con su entrada impetuosa en el Hades anuncia a todos los difuntos su resurrección gloriosa y con su gesto, arrastra hacia sí a Adán y toda su descendencia.

Si te fijas en la mirada de Adán verás su cara de asombro y el gesto de súplica de su mano extendida hacia el Salvador, al igual que Eva. Ambos salen de una especie de sarcófagos, lo cual indica que se van reincorporando a la vida, ¡una vida eterna, para siempre!

En los brazos de Adán y Eva se perciben túnicas azules, colores de su humanidad, que forman un continuo con el tejido azul que soportan los personajes de la izquierda, dos de ellos con sus frentes coronadas, seguramente los reyes David y Salomón. Del lado derecho encontrarás tres personas sin aureola, ¿por qué? Quieren representar el resto de hombres que también esperaban la resurrección de Jesús y que habían muerto antes que Él, la gente que no se nombra en la Biblia directamente, pero a los que también el Señor rescató con su victoria sobre la muerte.

Bajo los pies de Cristo se encuentran representados el pecado y la muerte. La figura allí tendida, ese personaje encadenado, es la muerte, o la fuerza del pecado, o Satanás, vencidos todos definitivamente.

¡Déjate mirar por Jesús!
La Iglesia nos recuerda que «Cristo ha resucitado de entre los muertos; con su muerte ha vencido a la muerte, y a los que estaban en los sepulcros ha dado vida». La figura de Cristo mira claramente al espectador, te mira a ti. No se puede pasar ante el icono sin responder a la llamada contenida en esa mirada de Jesús que pide tu compromiso con su misión: ¡anunciar la alegría de que Jesús está vivo! ¡Y se ha querido quedar en el Sagrario y en el corazón de cada persona que lo quiera recibir! ¡Muy feliz y santa Pascua! ¡Feliz encuentro con el Resucitado!

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s