¡Siempre con vosotros! (03/22)

Artículo publicado en Revista RIE de marzo de  2022

Ora también cuando estás triste

El 4 de marzo celebramos el aniversario de la fundación de la Familia Eucarística Reparadora. ¡Así que estamos de fiesta! Esta obra empezó a caminar en el año 1910. Sin embargo, nació a partir de un encuentro que tuvo san Manuel con Jesús Eucaristía muchos años antes, en 1902, en Palomares del Río. ¿Te suena? ¡Seguro que conoces la historia!

Vamos a detenernos en un detalle: cuando san Manuel tuvo ese encuentro con Jesús Eucaristía, se sentía triste y algo desanimado, pero eso no le impidió escuchar a Jesús, sino todo lo contrario: ¡se trató de un encuentro que marcó su vida! Vamos a aprender de él cómo podemos hablar con Jesús cuando estamos tristes, y también cómo estar atentos a lo que quiere decirnos y a lo que quiere hacer en nosotros.

Haciendo memoria
Vamos a recordar rápidamente qué ocurrió ese 2 de febrero de 1902. A san Manuel le habían pedido dar una misión en un pequeño pueblo, Palomares del Río. Iba muy ilusionado, con estampitas y medallas para entregar a la gente. Para llegar al pueblo se montó en un burro y el sacristán lo acompañó. Durante el camino, san Manuel se fue desanimando al ir escuchando al sacristán, que le contaba que poca gente pisaba la iglesia. Cuando llegó al Sagrario, lo encontró sucio y descuidado. Se notaba que hacía mucho tiempo que la gente no pasaba por allí y los que pasaban no prestaban mucha atención. San Manuel nos dice: «¡qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor…para no salir corriendo!». Esta es una de las cosas que podemos aprender cuando estamos tristes: permanecer, no rendirnos a la primera, aunque sea muy difícil. Acudir a Jesús, poner en sus manos nuestra tristeza y confiar en Él.

Un cruce de miradas
San Manuel permaneció un buen rato ante el Sagrario y nos cuenta que se encontró con Jesús callado, paciente, bueno… Se encontró especialmente con su mirada que, como él dice, era una mirada que le decía mucho y le pedía más, «una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también por no encontrar quien quisiera ser querido». Como san Manuel rezaba todos los días con el Evangelio, conocía muy bien a Jesús. Por eso pudo recordar muchos acontecimientos de su vida, de la vida de Jesús, que se estaban repitiendo en ese mismo momento: se acordó de cuando no hubo posada para que Él naciera, de cuando Jesús les dijo a sus amigos: «Y vosotros, ¿también queréis marcharos?», de la negación de Pedro… y nos cuenta: «Sí, sí, aquellas tristezas estaban allí en aquel Sagrario».

Un amor incondicional
Como ves, en medio de su tristeza, san Manuel se pone ante Jesús Eucaristía, hace silencio, permanece atento, se deja mirar por Él y descubre lo que hace y dice Jesús en ese momento. Se encontró con el anhelo de Jesús de que las personas descubran su presencia y su amor infinito por cada uno. Pero además de ese anhelo, aprendió algo súper especial, que te va a contar él mismo con sus propias palabras.

San Manuel encontró a un Jesús «que se pasa los días y las noches solo durante años y años y a pesar de todo eso no se va de aquél Sagrario, ni deja de mandar sol desde la mañana a la noche y agua para la sed y pan para el hambre y la salud y descanso y fuerzas beneficiosas en cada segundo y a cada uno de los que le abandonan… ¡Este amor no se parece a ningún otro amor!».

Una nueva misión
¡Cuántas cosas descubrió san Manuel en el Sagrario de Palomares, en medio de su tristeza! En medio de todo esto experimentó una nueva llamada de Jesús para él: acompañarle siempre en la Eucaristía y anunciar a todos ese amor infinito de Jesús, que no se cansa de esperarlos. Así nació la Familia Eucarística Reparadora, de la que todos formamos parte.

¿Te imaginas qué hubiera pasado si san Manuel hubiera salido corriendo y no se hubiera puesto ante Jesús, a pesar de su tristeza? ¡Nos habríamos perdido un montón de cosas grandes! ¡Cuánto se puede sacar de un rato de oración ante Jesús cuando estamos tristes!

Déjate mirar por Él
Te invito a recordar a san Manuel ante el Sagrario de Palomares cada vez que estés triste. Te invito a no dejarte llevar por las ganas de salir corriendo, sino a permanecer y buscarte un lugar y un espacio especiales para rezar. Déjate mirar por Jesús Eucaristía y presta atención a lo que Él quiere decirte y a lo que quiere hacer en ti. Quizás pueda ayudarte la oración que hoy nos acompaña, basada en un texto de san Manuel de su libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario. En esta oración le pedimos a Jesús que nos conceda descubrir esa mirada que a san Manuel «le decía mucho y le pedía más». También hay una canción de la JER sobre este texto (escúchala aquí).

Reza esta oración y canta con el deseo de encontrarte con la mirada de Jesús y con el amor incondicional con que te quiere. ¡Él nunca dejará de sorprenderte! ¡Ya lo verás!

Corazón de Jesús, que estás en el Sagrario,
haz saber que Tú me miras,
me miras siempre, me miras en todas partes,
como si no tuvieras que mirar a nadie más que a mí.
Me miras como una madre mira a su hijo,
porque le quiere con todo su corazón
y su cariño le impide cansarse de mirarlo.
Corazón de Jesús, aumenta mi fe
para creerme de verdad
que me quieres a mí y a cada uno
con un cariño tan grande como tu poder,
¡y tu poder no tiene límites!;
¡y tu cariño es omnipotente!
Jesús Eucaristía, concédeme el regalo
de detenerme muy a menudo
a saborear esta palabra:
Tú estás siempre mirándome.

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