Arte para ilustrarte (2/22): Tempestad en el lago (Sieger Köder)

Artículo publicado en revista RIE de febrero de 2022.

Nunca estamos solos ante el peligro

tempestad¿Alguna vez has estado en medio de una tormenta? ¿Te ha dado miedo? ¿Qué hiciste? La pintura que compartimos en esta oportunidad nos invita a sumergirnos con los apóstoles en este tipo de situaciones que vivimos cotidianamente, que nos dan angustia y miedo, pero en donde lo más importante a tener en cuenta es que en medio del peligro ¡Jesús está con nosotros!

El cuadro que contemplaremos hoy se llama «Tempestad en el lago» y su autor es el alemán Sieger Köder. Fue soldado durante la II Guerra Mundial y fue hecho prisionero. Una vez liberado, estudió para ser grabador y orfebre, luego se dedicó a la Filología Inglesa (ciencia que estudia los textos escritos) y después de estar 12 años enseñando arte y trabajando como artista, Köder hizo teología y se ordenó sacerdote católico. Es así que siendo párroco se preguntó cómo transmitir mejor el Evangelio a sus feligreses y, sirviéndose del don que Dios le había dado para pintar, decidió hacer cuadros para predicar sus homilías. ¡Usó sus pinturas como Jesús usaba sus parábolas! Siempre contaba historias cargadas de simbolismo y color, uniendo situaciones de la vida cotidiana con la riqueza de las enseñanzas de Jesús.

Para mirar y comprender
Partiendo de que el estilo que caracteriza sus obras es el expresionismo, debes tener en cuenta que el autor buscó crear emociones interiores. Por lo tanto, hay que ver los cuadros observando qué provocan en nosotros mismos. Detrás de cada pintura Sieger está contando una historia. Una historia sobre el ser humano, sobre ti mismo. Y a la vez, está contando una historia sobre Dios, ya que reflejan situaciones de la Biblia.

Te invito a que observes el cuadro atendiendo a tus propios sentimientos y lo que Dios te quiere decir a través del relato bíblico en el que se inspira la pintura. Se puede decir que es una invitación a rezar a través del arte. Piensa que quiere ser un medio para que entres en diálogo con Jesús, que te quiere decir algo especial. ¡Busca tu Biblia o Nuevo testamento y lee Mateo 8,23-27!

¡En la barca hay un lugar para ti!
Como primer dato, seguramente te habrás dado cuenta que la barca no está completa en la pintura, pues es una invitación a que te sientas parte de la escena (¡como si tú estuvieras haciendo la foto!). El autor quiere transmitirnos la sensación de peligro y angustia que debieron vivir aquellos pescadores de Galilea, los discípulos de Jesús. Observa las olas. ¡Todo está en convulsión!, todo está agitado y en movimiento. ¿Qué hacen los discípulos? ¿Te imaginas qué sentirían? Mira los gestos y los rostros, manifiestan la desesperación de la situación: se trata de un momento crítico, están a punto de hundirse. Las fuerzas son insuficientes, los recursos materiales ya no sirven: uno está intentando remar pero el mar le ha roto el remo, otro no da abasto para sacar el agua con un cubo, las olas y el viento son intensos. Todos están a punto de sucumbir. Pero… ¿te has fijado en el último de los discípulos, el que viste de color rojo? Él simboliza a Juan que, desesperado, no busca solución en el remo ni en el cubo, sino que alza los brazos llamando a Jesús y diciéndole «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!».

Y nos queda un último personaje, ¡el principal! que está de color blanco en el fondo de la barca. Su postura es relajada, está durmiendo, ¡durmiendo en una barca a punto de naufragar! El color de su ropa es luminoso. Parece un contrasentido en medio de tanta furia y oscuridad. ¡Es Jesús! Les pregunta: «¿Por qué tenéis tanto miedo? ¿No tenéis fe?». Esta es también nuestra barca llena de nuestros temores, pero también con nuestro Dios.

No temas, Yo navego contigo
El autor no ha querido transmitirnos el milagro que hace Jesús, sino la situación de angustia previa. ¿Por qué? Porque es algo que nos ocurre muy a menudo. Lo de menos es que Jesús aplacara el temporal. Lo más importante es poner de manifiesto lo que los discípulos no supieron entender: en medio del peligro, Jesús está con ellos. Te preguntarás por qué Jesús no se da por aludido hasta el final. Muchas veces Él permite que experimentemos que nuestras propias fuerzas son insuficientes. Los remos y el mástil roto son reflejo de cada vez que nos agobiamos queriendo solucionar todos los problemas solos, o hacer las cosas a nuestra medida, sin recurrir a Jesús y a las personas que Él pone en nuestro camino.

¡Despierta Jesús!
Santa Teresa de Jesús decía que Jesús estaba dormido porque quiere que lo despertemos, que lo hagamos parte de nuestros problemas y dificultades pues Él es el dueño de toda la creación y puede dominar y calmar cualquier tempestad. ¡No tengas miedo! Y recuerda que cuando te sientas como los discípulos, en medio de las dificultades, mira a Jesús que va contigo en la barca de tu vida, pídele con gran confianza que calme tus miedos. Eso te dará calma y tranquilidad para afrontar cualquier desafío. Aunque sientas que Dios está dormido, Él está contigo siempre.

Te invito a que estés atento a las personas que te rodean. Puede que alguna de ellas también experimente estar pasando por una tormenta. No pierdas la oportunidad de recordarle la presencia de Jesús en el Sagrario, que nos mira repitiéndonos constantemente «¡No temas!».

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