La Misa, paso a paso (12/21)

Artículo publicado en Revista RIE de diciembre de 2021.

¿Termina o empieza?

Desde hace varios meses hemos venido reflexionando y conociendo más la Misa. Quizás te preguntes «¿y ahora?» porque, en efecto, el mes pasado ya nos detuvimos en los ritos finales. Hoy, para concluir esta sección vamos a responder a una cuestión que san Manuel González se planteaba con mucha frecuencia: ¿realmente podemos decir que la Misa ha terminado? ¿O más bien tenemos que pensar y vivir cada momento de nuestro día como si estuviéramos «en Misa»? ¡Allá vamos!

Si has tenido ocasión de participar o ver por televisión una Misa en latín, quizás te llamó la atención cómo concluye. Para despedir al pueblo el sacerdote dice: «Ite Misa est», que tiene un doble significado. El primero, que te sonará, es «ha terminado la Misa». Pero también significa «esta es la misión». Ahora, en el preciso momento en que terminamos de celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo, que hemos escuchado su Palabra y comido su mismo Cuerpo, es ahora mismo cuando tenemos la fuerza para comenzar nuestra misión como cristianos.

Porque… ¿cómo podríamos ir a anunciar a los demás que Jesús está vivo si no lo hemos visto? ¿Cómo podríamos sembrar alegría si no hemos escuchado las Palabras del Señor que nos colman de gozo el corazón? ¿Cómo podríamos perdonar a quienes nos ofenden si antes no hemos reconocido, ante Dios y los hermanos, nuestros pecados y nos hemos sabido y sentido perdonados? ¿Cómo podríamos sabernos verdaderamente amados por Dios si no hemos sentido su abrazo paternal?

Entusiasmados
En efecto, ahora que ha concluido la Misa lo primero que debería brotar en nuestro corazón es el entusiasmo. ¡A que cuando te ocurre algo bonito no aguantas ni un segundo y corres a contárselo a tus amigos y a quienes más quieres! pues exactamente igual, en la Misa nos acaba de ocurrir lo mejor de nuestro día y de nuestra vida: ¡hemos estado junto a Dios y hemos podido hablar y celebrar con Él y con nuestros hermanos en la fe!

¿Sabes? Hay muchísima gente que no es feliz porque aún no sabe cuánto la ama Dios. ¡Ahí está tu misión! Y no es que tengas que prepararte un discurso. ¡Nada más lejos de la realidad! Lo que tienes que hacer es vivir con alegría lo que has celebrado en la Misa: agradecer a Dios porque te cuida con cariño, pedirle cuanto necesites, rezar por los que peor lo están pasando, perdonar porque sabes que Dios te ha perdonado…

¡A que es hermosa la misión que comienza cuando termina la Misa! Por eso mismo, como dice una canción de despedida de la celebración eucarística: «la Misa no termina aquí en la iglesia. ¡Ahora la empezamos a vivir!». ¿Lo sabías? ¿Lo intentamos? ¡Verás cuánta alegría puedes compartir!

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