Cita con Jesús Eucaristía (9/21)

Artículo publicado en Revista RIE de septiembre de  2021

Pedir bien para amar mejor

Quizás te suena la siguiente frase de Jesús en el Evangelio: «Pedid y se os dará» (Mateo 7,7). Nos invita a pedir sin miedo lo que necesitamos. Pero en ocasiones sucede que parece que Dios no nos concede aquello que pedimos, ¿te has preguntado por qué?

Jesús nos enseña que Dios es nuestro Padre. Con nuestros padres tenemos mucha confianza. Sabemos que podemos pedirles lo que necesitamos: si se nos estropea el uniforme del cole, nos lo pueden arreglar, o, si no se puede, nos consiguen uno nuevo. Si tenemos hambre, nuestros padres nos dan de comer. Si tenemos miedo ante un examen, ellos nos animan e intentan darnos la seguridad que necesitamos para enfrentarnos a él.

Siempre con confianza
En otras ocasiones les pedimos cosas a nuestros padres y no nos las conceden. Muchas veces es porque no nos convienen, otras veces es porque en ese momento no les es posible darnos lo que les pedimos. Por ejemplo: si durante la época de exámenes les pedimos irnos de viaje, es muy probable que no nos dejen, porque no nos concentraríamos y no aprobaríamos. Quizás este ejemplo es muy claro, y en otras ocasiones no entendemos muy bien por qué nuestros padres no nos dan lo que pedimos. Siempre lo hacen por nuestro bien, y cuando nos fiamos de ellos, todo es mucho más fácil, además de que aprendemos a valorar lo que tenemos y a no estar deseando cada vez más cosas.

Jesús nos dice en el Evangelio: «Si vosotros sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!» (Mateo 7,11). Si nuestros padres nos cuidan, cuánto más Dios, que nos ha creado simplemente porque nos ama infinitamente.

¿Te conviene?
En las palabras de Jesús hay una clave que nos puede ayudar a entender un poco mejor por qué no siempre recibimos lo que pedimos: «dará cosas buenas…». Nuestro Padre del Cielo nos da las cosas buenas que le pedimos. Pero quizás, en ocasiones no pedimos exactamente cosas buenas. Por ejemplo: si mañana tengo una competición importante pero no he ido al entrenamiento porque me apetecía ir al cine con mis amigos, si le pido a Dios que me ayude a ganar la competición, quizás no es lo mejor que le puedo pedir a Dios. Él nos ha creado con la capacidad de esforzarnos y trabajar por lograr metas. Si consiguiéramos todo como por arte de magia, no descubriríamos el gran valor que tiene el esfuerzo, el trabajo, ser capaces de lograr cosas con las capacidades que Dios nos regala.

Pistas para saber cómo pedir
Entonces, ¿qué podemos pedir en nuestra oración? Para saberlo, vamos a detenernos en una oración que aparece en la página 29 del RIE-Oracional (y que también está en la página siguiente). En ella, nuestro amigo san Manuel nos invita a hacer varias peticiones. Léelas despacio: ¿encuentras algo en común entre ellas? Si te fijas bien, en el fondo, en todas estamos pidiendo a Jesús que nos enseñe a amarle a Él y a los demás.

En algunas peticiones, pedimos a Jesús encontrarle en nuestro día a día, en lo que nos sucede, incluso en donde parece que Él no está: por eso san Manuel le pide descubrirle «desde lejos» o adivinarle «oculto». También le pide sentirle «siempre presente». Si pide estas cosas, es porque tiene la experiencia de que, junto a Jesús, todo se disfruta más, todo es posible, incluso lo que nos parece difícil es llevadero. También pedimos «hacer mucho bien a nuestro alrededor». Hacer bien a los demás, incluso «a los malos», dejar «un poco de luz y de paz» a quien nos encontremos, porque así es como «dejamos sabor y olor» a Jesús en todas partes. Así, en los pequeños gestos, somos testigos de su gran Amor.

San Manuel nos enseña con su vida
Durante su vida, san Manuel descubrió qué era aquello que le llenaba, que daba sentido a su vida: acoger el amor infinito de Jesús Eucaristía y darlo a los demás, y esto, en los pequeños detalles de cada día, en un saludo, en una sonrisa, en un gesto de ayuda. Por eso lo que él le pide a Jesús está relacionado con esto. Teniendo el amor de Jesús en el centro de nuestra vida, caeremos en la cuenta de todos los regalos de nuestra vida y daremos gracias, y si echamos algo de menos, Jesús nos dará la fortaleza para crecer y salir adelante.

Seguramente ya habrás caído en la cuenta de que la oración comienza diciendo: «Jesús, por intercesión de María, te pedimos nos concedas». Queremos contar con María para que se una a nosotros en lo que queremos pedirle a Jesús. Así como cuando queremos pedirle algo a nuestro padre y pedimos ayuda a nuestra madre, o nos unimos varios compañeros de clase para hacer más fuerza en algo que queremos pedirle a un profesor, también podemos pedirle a María que nos ayude y nos enseñe a pedir a Jesús lo que realmente necesitamos.

Las peticiones en la Misa
En el RIE-Oracional aparecen otras oraciones de intercesión muy especiales, las puedes encontrar a partir de la página 32. Si las lees, pueden resultarte familiares, y es que estas peticiones y otras parecidas son las que leemos durante la Eucaristía.

También en estas peticiones puedes encontrar que tienen algo en común. En todas pedimos por los demás. San Manuel, en uno de sus libros, tiene una frase muy bonita que dice: «En todo el orden sobrenatural no hay fuerza que más acelere y extienda el reino de Dios como la oración». El Reino de Dios consiste en el amor. Pedir por los otros nos enseña dos cosas: que los demás nos importan, que los queremos, y que deseamos que encuentren el Reino de Dios (el amor) y que sean felices amando, es decir, viviendo para los demás.

Escribe tu propia oración de petición
Y tú, ¿por qué o por quién quieres pedir? Te invito a dedicar un pequeño rato de tu oración a pensar qué cosas buenas quieres que te regale Dios (para ti o para otros). También hay ocasiones en las que Él nos concede lo que pedimos, pero no en el momento ni de la manera que esperábamos. Atrévete a confiar y mantén el corazón bien atento para descubrir qué es lo que Él te quiere regalar.

Oración de petición
Jesús, por intercesión de María, te pedimos nos concedas:
• Hacer bien a los malos sin hacernos malos.
• Descubrirte desde lejos.
• Adivinarte oculto.
• Sentirte siempre presente.
• Conocerte y conocernos.
• Amarte por encima de todo.
• Reconocerte nuestro y reconocernos tuyos.
• Dejar sabor y olor a Ti en todas partes.
• Hacer mucho bien a nuestro alrededor y que nadie más que Tú, caiga en la cuenta.
• Dejar a todo el que nos mire o nos oiga un poco de luz y de paz.

San Manuel González (adaptación)

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