Cien por cien eucarísticas (9/21)

Artículo publicado en revista RIE de septiembre de 2021.

Nacidos para eucaristizar

Compartir con otros la misión que Dios nos confió, os puedo asegurar que es algo así como compartir un tesoro de valor incalculable, un tesoro grandioso. Te invito a seguir estas líneas, y que tratemos de descubrirlo juntos.

Las Misioneras Eucarísticas de Nazaret somos enviadas al mundo, igual que Jesús ha sido enviado por su Padre, para anunciar a todos el gran amor de Dios que se hizo cercano a cada uno de nosotros en su presencia eucarística. Con este anuncio tendemos redes para que todos amen a Jesús Eucaristía con el mismo amor con el que Él nos ama; y a quien se ha olvidado de amarlo de esta forma, a quien es indiferente a este amor, estamos especialmente enviadas para dar testimonio de que «este amor no se parece a ningún otro amor». Esas redes las tendemos a través de nuestro apostolado en las misiones, grupos eucarísticos con personas de diferentes edades, catequesis, clases en escuelas, casas de espiritualidad, librerías y nuestro trabajo en Nazaret, que son las casas en las que vivimos.

En esta misión no vamos solas sino que ¡somos misioneras con Jesús! Él, que nos ha llamado a seguirle, camina a cada instante con nosotras, nos acompaña con su gracia, nos alimenta con su vida, nos abre caminos misioneros, nos regala hermanos y hermanas en la fe en cada lugar al que llegamos, nos da el gran don de la comunidad con la que compartimos vida y misión.

Una misión sin fronteras
¡Hemos nacido para eucaristizar! Esta misión no tiene fronteras ni de espacio ni de tiempo, porque Jesús ha venido para quedarse entre nosotros en su vida eucarística, y mientras Él siga silencioso en esa vida humilde que eligió para estar entre nosotros, necesitará de sus misioneras para que sigan anunciando esa explosión de vida que brota de la Eucaristía.

¿Sabíais que el Espíritu Santo distribuye sus dones a cada uno para darnos su gracia y poder llevar adelante la misión que Dios ha soñado para nosotros? Este don lo conocemos con el nombre de carisma. El «Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica» nos dice que «los carismas son dones especiales del Espíritu Santo concedidos a cada uno para el bien de los hombres, para las necesidades del mundo y, en particular, para la edificación de la Iglesia» (n. 160). Pues es regalo hemos recibido, ese don tan especial.

Dios regaló a san Manuel una experiencia muy especial el 2 de febrero de 1902, en Palomares del Río (Sevilla), y allí el Espíritu le concedió la gracia de un carisma. A partir de ese momento su vida cambió, y tomó una única dirección: que todo el mundo se entere de que Jesús está vivo en el Sagrario, que allí nos espera, y anhela nuestra compañía. Pero, por otro lado, descubre una pena muy grande, que Jesús en muchos Sagrarios de la tierra está solo y que no debe de estarlo. Es así como tuvo la inspiración de fundar una gran familia, la Familia Eucarística Reparadora, que luchara contra el abandono de Jesús en la Eucaristía, haciendo, mediante nuestro anuncio, que todos los pueblos se vuelvan locos de amor por Jesús Eucaristía, es decir, somos enviados como familia a eucaristizar el mundo.

Esto me va gustando cada vez más: Dios me llama, y te llama a ti también, nos confía un mensaje que tiene el valor de un tesoro, nos acompaña con su gracia, nos regala hermanos, se queda con nosotros en la Eucaristía, nos da una Familia y nos envía al mundo entero. ¡Hemos nacido para eucaristizar!, y nuestro corazón no cesa de dar gracias por esta llamada.

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