La Misa, paso a paso (9/21)

Artículo publicado en Revista RIE de septiembre de 2021.

Al comulgar Dios nos abraza con cariño

Muy queridos amigos RIE, ¡qué bueno que nos volvemos a ver! Ansiaba este momento ya que hemos llegado al instante central de la celebración eucarística que, seguro, ya habéis adivinado de qué parte se trata. Pues sí. Hemos llegado, ¡por fin!, al momento de la Comunión. Vamos a profundizar juntos en este especial encuentro. No, que no me he equivocado, se trata de un especial encuentro. ¡Ya veréis porqué!

Durante el tiempo que precede este momento nos hemos preparado, haciéndonos conscientes de que estamos en la presencia de Dios Trinidad, nos hemos arrepentido y hemos pedido perdón junto con toda la asamblea, hemos escuchado la Palabra de Dios, que nos ha encendido el deseo de recibir a Jesús, hemos cantado su gloria y santidad en el cielo y en la tierra, y además le hemos dicho a Jesús, junto con el centurión de Cafarnaúm: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero una palabra tuya bastará para sanarme» (Lucas 7,6).

Con vestido de gala
Por eso, prepárate por dentro y por fuera para recibir al Señor: muéstrale que te alegras de recibirlo poniéndote ropa de fiesta, y si es necesario, confesándote. Ten un comportamiento respetuoso y un corazón dispuesto a la oración. Así nuestro corazón, inteligencia y voluntad estarán bien dispuestos para recibir a nuestro mejor Amigo, Maestro y Hermano. El sacerdote nos muestra a Jesús, pan partido, y nos invita con estas palabras: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor». Somos todos invitados a la cena del Señor. ¡Qué regalo más grande participar de la mesa del Señor! Tenemos que sentirnos alegres y agradecidos por este gran don, porque es Jesús mismo quien viene a nuestro encuentro.

Parece pan, ¡pero es Dios!
Para que lo tengamos muy presente recordemos cómo Jesús viene al pan y al vino. Hace unos meses hemos reflexionado sobre el momento de la consagración. Sabemos que es por el poder de las palabras de Jesús y la acción del Espíritu Santo. Él mantiene lo que nos prometió: «he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20). Por eso, como en la última cena, el sacerdote coge el pan y el vino y repite las mismas palabras de Jesús, y entonces sucede el más grande los milagros, el pan ya no es pan, sino que es Cuerpo de Cristo, y el vino ya no es vino, sino la Sangre de Cristo. Este milagro sigue sucediendo desde hace ya dos mil años en cada Misa. Esta presencia de Jesús en la Eucaristía la conocemos como «presencia real».

Hay un santo, muy amigo nuestro, que nos habló tantas veces de la presencia real de Jesús, escuchemos algunas de sus palabras: «el Maestro está aquí… ¡Está aquí! ¡Santa, deliciosa, arrebatadora palabra que dice a mi fe todas las maravillas y todos los milagros del Evangelio… Sabedlo, que el fuerte, el grande, el magnífico, el suave, el vencedor, el buenísimo Corazón de Jesús está aquí». Sí, es san Manuel González.

¿Y qué sucede en el instante en que Jesús entra en nosotros? ¿Os lo habéis preguntado alguna vez? Traigamos a la memoria algunas palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6, 51). «Quién come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él» (Juan 6,56).

De esto hablaremos en nuestro próximo encuentro y, mientras esperamos volver a vernos, ¡no os olvidéis de preparar el corazón para recibir a Jesús!

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