Con ganas de conocerte (cartas de san Manuel) (05/21)

Artículo publicado en revista RIE de mayo de 2021.

¡Un año más de Nazaret!

«Queridísimas Hijas: ¡Un año más de Nazaret! ¡Qué bueno es el Corazón de Jesús!». Así comienza una carta de san Manuel del día 2 de mayo de 1933, cuando la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret se preparaba para celebrar, al día siguiente, los 12 años de su fundación. Ahora, que se cumplen 100 años, no nos cabe duda de que su corazón, desde el cielo, sigue diciendo lo mismo.
Nazaret es el cumplimiento de un gran sueño de san Manuel, al que dedicó tiempo, esfuerzo, cariño, interés…y en esta celebración tan especial como es un siglo de vida, «¿quién no manda un regalito a modo de postre de la comida a sus hijas?», como él mismo decía. Todas sus cartas escritas a las hermanas, son ese regalo, y en esta ocasión compartimos con vosotros algunas de ellas.

La buena cara de Jesús
Son muchas, muchísimas, las veces que san Manuel habla de la buena cara, hace poco lo cometamos en esta sección. En esta ocasión, la buena cara a la que se refiere es la de Jesús, que al contemplarlo en la oración parece que le sonríe cuando le pregunta por Nazaret. Así nos lo dice:

«Al Jesús del Sagrario mío de aquí pregunto por sus Nazarenas… Si sus ojos se encuentran muchas veces con las miradas de amor y de confianza que ellas le dirigen… Si sus oídos se recrean con la caridad de sus palabras y sobre todo con la armonía de su silencio […] Si su corazón se siente a gusto y descansado y compensado entre sus corazones nazarenos… Pregunto y parece que me contesta con cara buena, como diciendo que sí… ¡qué alegría! ¿Me engaño? ¿Me ilusiono? ¿Verdad que no? Y para esto os pongo estas letritas, para que pongáis todo el empeño de vuestra vida en tratar con tanto mimo a vuestro Jesús de ahí que lo sepa yo por la cara buena del Jesús de aquí».

Esta carta es de una gran actualidad, porque el mismo san Manuel nos ha enseñado que lo único que nos separa de las personas que ya están en el cielo es el canto de una Hostia. ¡Sí! ¿Sabéis por qué? Porque nosotros vemos a Jesús en la Eucaristía y sabemos que es el mismo que está en el cielo, y ellos lo ven como desde el otro lado, donde disfrutan de su presencia para siempre. Es por eso que nos llena de alegría pensar que cuando don Manuel pregunta a Jesús por su Nazaret, Él le sigue sonriendo.

Una consigna: fidelidad
Ninguna carta de nuestro santo nos deja con los brazos cruzados, ni los del cuerpo ni los del corazón. En todas ellas se esconde una tarea, una consigna, una invitación. En esta ocasión, compartimos una de esas consignas que don Manuel envió a las hermanas en una carta: «Fidelidad, hijas mías, desde lo más pequeño a lo más grande, a todas horas, en la Capilla, en el trabajo, en el recreo, en la calle, en todas partes, fidelidad que dé razón a los ángeles de vuestra guarda para asegurar en cada minuto al Jesús de vuestro Sagrario: “Aquí vive y te acompaña la Fidelidad”. Esta es la consigna: sed fieles y ya veréis».

¡Vaya tarea! Es una invitación grande y exigente, pero no es menor el deseo y las ganas que cada hermana tiene de vivirlo y de ponerse manos a la obra en esta tarea de la fidelidad.

Un deseo: ¡a estudiar!
Como san Manuel era de lo más original, en una ocasión invitó a las hermanas a estudiar, pero una asignatura algo distinta de las que conocemos habitualmente: la ciencia de saber y conocer a Jesús. Así lo dice:

«Esto deseo yo para mis nazarenitas: muchas, muchas, insaciables ganas de saber cada vez mejor y saborear quién es Jesús… El Jesús de su Sagrario callado, de su vocación sin merecimiento propio, de su Comunión de cada día y de su trato y vecindad de cada instante… el Jesús que les habla callando Él y ellas […] Esa es la sola ciencia que yo quiero para vosotras y que vosotras comuniquéis a los que os traten: saber quién es Jesús y cómo hay que ir a Él y volver de estar con Él».

En poquitas cartas hemos puesto a trabajar el corazón y la cabeza, para ser muy fieles a Jesús y conocerlo de todos los modos posibles. Una tarea y una asignatura que confiamos dibujarán muchas sonrisas en la buena cara de Jesús.

A la intercesión de María nos confiamos, para que ella nos enseñe a ser buenas nazarenas, sobre todo en «esa asignatura, la única de su carrera de María loca por el Corazón de su Jesús abandonado y que en ella todas saquen sobresaliente. Y ahora la bendición con las dos manos y el corazón entero de vuestro Padre».
¡Hasta la próxima! No os olvidéis de rezar por todas las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, para que seamos muy fieles al sueño de san Manuel para nosotras.

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