La Misa, paso a paso (5/21)

Artículo publicado en Revista RIE de mayo de 2021.

«La paz os dejo, mi paz os doy»

¡Qué alegría volver a encontrarnos en este espacio para profundizar sobre el significado de la Misa! Sigamos nuestro camino. Hoy nos detenemos en el signo de la paz. ¿Recordáis este momento? Hace un tiempo, no tan lejano, como signo de la paz nos dábamos la mano, otras veces un beso. Ahora, por la situación creada por la pandemia de covid-19, solo podemos hacer un pequeño gesto con la mirada. Pero… ¿por qué este gesto? ¿Por qué somos invitados a intercambiar un gesto de paz? ¡Allá vamos a explicarlo!

El mes pasado habíamos terminado nuestro artículo diciendo que después del Padrenuestro sigue el signo de la paz. Este momento de la misa comienza con una oración que pone en acto la última petición de la oración que nos enseñó Jesús: «no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal». En este instante el sacerdote se dirige a Dios pidiendo la ayuda de su misericordia para que nos libere del pecado y nos aleje del mal:

Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados
por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos
la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.

La asamblea responde a una sola voz:

Tuyo es el Reino, tuyo es el poder
y la gloria por siempre, Señor.

Luego el celebrante recuerda:

Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles
“La paz os dejo, mi paz os doy”,
no tengas en cuenta
nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.

Y todos juntos respondemos:

Amén.

Dios quiere que recibamos su paz, por eso nos dice el sacerdote:

La paz del Señor esté siempre
con vosotros.

Nosotros respondemos:

Y con tu espíritu.

Sobre todo es necesario que compartamos esta paz con otras personas, por eso nos invita:

Daos fraternalmente la paz.

Esta invitación a transmitir la paz solo puede decirla quien preside la celebración o un diácono, en el caso que esté presente.

Desde lo más profundo del corazón
En el rito de la paz muchas veces pasa desapercibido su verdadero significado. En algunas ocasiones la asamblea se desordena, comienza el cuchicheo, los saludos y se pierde un poco ese silencio que ayuda a contemplar a Jesús presente sobre el altar. Por eso, prestad mucha atención, porque vamos a tratar de descubrir su verdadero significado, para que cuando llegue el momento de la paz, y vosotros estéis presentes, podáis darla desde lo más profundo de vuestro corazón.

El signo de la paz es un acto que expresa un símbolo muy importante, pues recuerda la necesaria disposición del corazón para recibir a Jesús presente en la Eucaristía. Nos recuerda a cada uno que, para estar en total comunión con Cristo y su Iglesia, hemos de recordar en primer lugar estas palabras: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas», sin olvidar amar a tu «prójimo como a ti mismo» (Mc 12,30-31).

La paz que nos da Jesús, y que nosotros a su vez damos a los que nos rodean, no significa simplemente ausencia de conflicto, de problemas, etc., va mucho más allá de todo eso. Esta paz, tiene, en sentido bíblico, una riqueza enorme. Simboliza el conjunto de todos los bienes. La paz es un don, y es fruto de la Pascua de Cristo.

Jesús resucitado nos da el mejor regalo
Es significativo que después de la consagración, Jesús mismo, en la persona del sacerdote, nos ofrece su paz. Sabemos que Cristo resucitado, cuando se aparecía a los apóstoles, les saludaba dándoles la paz: «La paz con vosotros» (Jn 20,19.26). En realidad, la herencia que el Señor deja en la Última Cena a sus discípulos es precisamente la paz: «La paz os dejo, mi paz os doy; pero no como la da el mundo».

Esta paz no es algo meramente exterior, se encuentra en lo más profundo del corazón del hombre, en lo más profundo de nuestros corazones que se han abierto al perdón de Dios. El que ha sido perdonado, debe aprender a perdonar y a pedir perdón. La paz es reconciliación en Dios, y esta reconciliación y perdón nos preparan y disponen para recibir a Jesús que se nos da como alimento, «nos permite hacer la Comunión». De este modo, cuanto más conscientes seamos de este momento, Jesús irá haciendo de nosotros hombres de paz, pues en la Misa recibimos una y otra vez la paz de Cristo, y por eso mismo somos cada vez más capaces de llevar la paz que hemos recibido de Dios a todas las personas que encontramos cada día.

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