La Misa, paso a paso (3/21)

Artículo publicado en Revista RIE de marzo de 2021.

¡Dios se hace presente a nuestro lado!

Seguimos caminando y aprendiendo juntos las distintas partes de la Misa. En nuestro encuentro anterior concluimos con el canto del «Santo», el himno de alabanza de los ángeles. A continuación hay un momento extraordinariamente importante: el Memorial-Consagración. ¿Qué tiene de importante este momento? Ahora mismo lo vamos a descubrir.

Al concluir el canto del «Santo», el sacerdote, con los brazos abiertos al cielo, dirigiéndose a Dios, reza con una de las fórmulas propuestas por el misal, que contienen elementos y gestos distintos. Cada una de estas fórmulas se usan según las ocasiones, pero incluso siendo distintas hay elementos que son comunes a todas. Todas son hermosas. Cada una de estas oraciones tiene un modo único de explicar el misterio eucarístico, pero todas nos recuerdan la grandeza del proyecto de Dios en Jesús.

Pero… ¿Cuáles son esos elementos comunes? Para explicarnos mejor, vamos de a uno:

Epíclesis
En todas las plegarias eucarísticas se hace la epíclesis, que es una oración con la que se invoca la fuerza del Espíritu Santo para que los dones ofrecidos (pan y vino) se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. En este momento, si recordáis, el sacerdote quita la palia que está sobre el cáliz y extiende las manos sobre las ofrendas. Epíclesis es una palabra griega y significa invocación.

La epíclesis de la Plegaria Eucarística II, por ejemplo, comienza así:

Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos
que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu
de manera que sean…

Signo de la cruz sobre las ofrendas
En todas las plegarias eucarísticas está previsto que el sacerdote trace el signo de la cruz sobre las ofrendas en algún momento antes de la Consagración. La forma de hacerlo es la siguiente: el sacerdote, que tiene las manos extendidas, las une; luego, apoya la mano izquierda extendida sobre el altar, fuera de los corporales, y con la derecha hace una cruz sobre el cáliz y la patena. Es entonces cuando nos arrodillamos.

Narración y Consagración
En este momento, por las palabras y los gestos de Cristo se lleva a cabo el sacrificio que el mismo Jesús instituyó en la última Cena, cuando ofreció su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y vino, y los dio a los apóstoles para que comieran y bebieran. Es allí cuando Jesús les entrega el mandato de perpetuar el mismo misterio. Estas son las palabras que pronuncia el sacerdote, como si fuera el mismo Jesús quien las dice con claridad:

Tomad y comed
todos de él,
porque esto es mi cuerpo
que será entregado por vosotros.

En ese instante, el sacerdote muestra el pan consagrado, para que todos podamos adorarlo, lo deposita luego sobre la patena y lo venera con la genuflexión. Y prosigue con el cáliz:

Tomad y bebed todos de él,
porque este es el cáliz de mi sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros
y por muchos
para el perdón de los pecados.
Haced esto
en conmemoración mía.

En este momento el presente y el pasado se unen para hacernos vivir una vida nueva en el Espíritu. Gracias al pan y al vino que ofrecemos en cada Eucaristía, nuestra vida entra en la muerte y resurrección de Jesús para que Él nos done la vida nueva cada día. Luego, el sacerdote dice: «Misterio de la fe», que es una aclamación muy profunda, pues son palabras que expresan nada más y nada menos lo que está sobre el altar es el cuerpo y la sangre de Jesús.

Intercesiones
Con las intercesiones se expresa que la Misa se celebra en comunión con toda la Iglesia, la del cielo y la de la tierra; y que se ofrece por ella misma y por todos sus miembros, vivos y difuntos, llamados a participar de la redención y de la salvación alcanzadas por la muerte y resurrección de Cristo.

Doxología final
Todas las plegarias eucarísticas concluyen con una doxología, es decir, con una oración que glorifica a Dios:

Por Cristo, con él y en él,
o a ti, Dios Padre omnipotente…

Esta oración concluye con la aclamación: «Amén», un canto unánime y alegre, con el que cada uno afirma: yo creo.

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