La Misa, paso a paso (2/21)

Artículo publicado en Revista RIE de febrero de 2021.

Dejemos que el corazón nos salte de alegría

En nuestro último encuentro hemos aprendido juntos que la Plegaria eucarística es como un gran diálogo de oración con Dios y que, aunque es una única gran plegaria, está compuesta de varias partes. ¿Os acordáis? Hoy vamos a reflexionar sobre la primera parte: el Prefacio.

La palabra «prefacio» viene del latín pre-factum, que quiere decir «antes del acontecimiento». La Real Academia Española nos dice que significa prólogo o introducción de un libro, reconociéndola, también, como una parte de la Misa. De eso trata nuestro encuentro de hoy. También la Wikipedia dice que, en literatura, es un texto de introducción  y de presentación, ubicado al inicio de un libro. De estas definiciones sacamos dos puntos importantes, por un lado, que es una introducción y, por otro, que está ubicado al inicio de un libro. Pero todo esto hace referencia al ámbito de la Literatura.

Qué nos dice la Liturgia
La Liturgia de la Iglesia nos dice que el Prefacio es una acción de gracias, y el texto utilizado en cada Misa cambia según los tiempos litúrgicos, las solemnidades o las fiestas. Además, durante este momento de la Misa el celebrante invita a toda la asamblea a través de un diálogo a entrar en profunda sintonía con el Señor:
– El Señor esté con vosotros.
– Y con tu espíritu.
– Levantemos el corazón.
– Lo tenemos levantado hacia el Señor.
– Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
– Es justo y necesario.

Al decir «vosotros», el sacerdote no solo se refiere a los que estamos en Misa, sino que implica también a todos los seres humanos.

La invitación a «levantar el corazón» es como si dijera «pongámonos en sintonía con Dios». ¿Para qué? Nos lo dice la siguiente frase: ¡para dar gracias! No es casualidad que la palabra «Eucaristía» signifique acción de gracias, ni que en el centro de la Misa (de la celebración eucarística) esté esta gran oración para decirle a Dios «¡gracias, muchas gracias!».

Pero, ¡hay más! Levantar el corazón implica, además, levantarlo hasta el Cielo, para que todos los que estamos en esta tierra nos unamos a todos los que están ya allí.

¡Gracias!… ¿por qué?
Tras este diálogo el celebrante hace una oración donde le dice al Padre los motivos por los que le damos gracias. Y siempre, siempre, empezamos dándole gracias por habernos dado a Jesucristo. Luego se añaden otros motivos que varían según el día que celebramos. ¡Es muy interesante prestar atención al Prefacio! porque quizás resulta que estamos agradeciendo a Dios algo de lo que no habías caído en la cuenta… El Prefacio de la Misa también nos enseña cosas importantes para nuestra vida. En primer lugar, se trata de un momento para reflexionar y reconocer las grandezas de Dios que el celebrante va diciendo en la oración, y como respuesta estamos invitados a unirnos a ese agradecimiento. Pero, ¡atención!, no agradezcamos solamente las obras que Dios ha realizado en toda la Humanidad, sino también las obras concretas que hace en nosotros, esas gracias que nos concede cada día.

Y, en segundo lugar, veamos en nuestra jornada diaria la mano de Dios, notemos cómo Él continuamente nos da su gracia, cómo nos ayuda, cómo nos cuida. Convierte tu día en una jornada de acción de gracias a Dios y en una acción de alabanza a Aquel que hace tantas obras grandes en nuestra vida solo por amor.

La canción más alegre de todas
El Prefacio concluye con una canción, es decir, un canto que debe ser alegre y solemne. ¡Cantamos de alegría, de gratitud, de puro contentos de ver cuánto nos ama Dios y cómo nos demuestra su amor!

El sacerdote nos suele invitar con las siguientes palabras (o parecidas):

Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria diciendo…

A continuación, todos los que estamos en la Iglesia cantamos (o recitamos) uniendo nuestras voces con las de los ángeles y de todos los que ya están en el Cielo: 

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

La expresión «hosanna» es una oración hebraica que originalmente significaba: «sálvanos». Pero más tarde esta palabra adquirió otro significado, que nos recuerda como un grito de alegría y alabanza a Dios. De hecho, ¿recuerdas qué gritaba la gente cuando Jesús entra en Jerusalén? (esa vez que llevaban palmas y cantaban de alegría… Nos lo cuentan los Evangelios: Mateo 21,9; Marcos 11,9; Lucas 19,38).

Dos actitudes muy importantes
Estamos llegando al final de nuestro encuentro pero aún quiero recordarte que la finalidad del Prefacio es agradecer a Dios por todos los dones y beneficios que nos ha concedido a lo largo de la historia de la salvación. Pero para reconocer su grandeza y sus obras necesitamos una doble actitud:

  • Agradecimiento porque todo lo hemos recibido en forma gratuita.
  • Alabanza porque todas esas obras magníficas son la acción de un Dios poderoso que nos ama inmensamente.

Por hoy, llegamos hasta aquí. Nos despedimos hasta el próximo encuentro. Recordad siempre esta doble actitud de la que hemos hablado, que sea para nosotros, durante este mes, un compromiso que nos ayude a vivir cada día en la presencia de Dios.

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