La Misa, paso a paso (10/20)

Artículo publicado en revista RIE de octubre de 2020

Liturgia de la Palabra (2)

En nuestro encuentro anterior hemos hablado de tres bloques (A, B, C) como una forma de separar en partes los momentos en los que se divide la Liturgia de la Palabra, y nos hemos centrado en el bloque A. Ahora es el turno de descubrir juntos el segundo bloque.

Después de las lecturas y el salmo, nos encontramos, a su vez, con dos momentos: la lectura del Evangelio y la homilía. ¿Te suenan a algo estas palabritas? Seguramente que sí.

La buena noticia de la salvación
Comenzamos aclarando que los Evangelios son escritos que narran la vida de Jesús, son cuatro libros del Nuevo Testamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los tres primeros fueron escritos en las primeras comunidades cristianas entre los años 65 y 80 d.C., en cambio el Evangelio de Juan es posterior, y se cree que fue escrito en el año 95 d.C.

Cada evangelista tiene su estilo propio al hablar de Jesús. Hay episodios que se repiten en los cuatro libros, mientras que otros coinciden solo en algunos libros y algún otro pasaje solo lo relata uno de ellos. Por ejemplo, el lavatorio de los pies, solo lo cuenta Juan. Si bien cada uno escribe a su modo y con un estilo propio, hay un núcleo importantísimo en el que todos coinciden: el relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

El Evangelio en la Misa
En cada Misa se proclama un pasaje del Evangelio, y a través de esa lectura llegan a nosotros las palabras de Jesús en sus discursos a los discípulos, en los encuentros con las personas que lo seguían o que Él encontraba por el camino y en sus parábolas. Nos relata también sus milagros y la forma en la que trataba a todos, especialmente a enfermos, niños, mujeres, etc.

En la Liturgia de la Iglesia católica, estos Evangelios se leen separados en tres ciclos. En cada uno de estos ciclos, que lo llamamos Año, se lee un Evangelio diferente:

  • Año A: Evangelio de Mateo
  • Año B: Evangelio de Marcos
  • Año C: Evangelio de Lucas

El Evangelio de Juan, en cambio, se lee en los tiempos de Navidad, Cuaresma y Pascua. Así, en el arco de tres años, si hemos ido a Misa cada domingo, hemos escuchado lo que nos cuentan cada uno de los evangelistas.

Preparados para escuchar el Evangelio
Antes de proclamar la palabra de Jesús el sacerdote dice: «Lectura del Santo Evangelio según san…», a lo que nosotros respondemos: «Gloria a Ti, Señor». En ese momento el sacerdote es un apóstol que anuncia al mundo la Buena Noticia de la liberación y de la obra de Jesús.

Cuando se proclama el Evangelio debemos recordar que se trata de una palabra dirigida a cada uno de nosotros. Es Dios mismo quien nos habla en nuestra situación concreta, en el momento que cada uno está viviendo, sea de alegría o de tristeza, de entusiasmo o de desánimo. Es una Palabra que nos salva en el instante mismo en el que la escuchamos, por eso nos ponemos de pie, porque es palabra que resucita. Y nosotros, como cristianos, estamos llamados a vivir como resucitados.

Homilía: la palabra que se nos explica
La homilía no tiene otro objetivo que explicar. Pero, ¿qué es exactamente lo que explica? Además de ayudarnos a entender el Evangelio, que no siempre es fácil, el sacerdote intenta hacernos comprender qué relación tiene con nuestra vida, y cómo podemos ponerlo en práctica en los ambientes en los que nos movemos: nuestra casa, la escuela, el club, la calle, con los amigos, etc.

También nos ofrece un conocimiento más profundo del misterio de Dios, y esto es algo importante porque alimenta nuestra vida espiritual y nos hace crecer en el amor a Dios y a nuestros hermanos. Nos enseña a vivir cada día como cristianos.

La homilía nos da también alguna pista sobre cómo vivir durante la semana en la presencia de Jesús. Por ejemplo, si en el Evangelio Jesús nos ha contado la parábola del buen samaritano y el sacerdote, inspirado por el mismo Jesús, nos dice que debemos ayudar a todos, estar al lado del que sufre, etc., durante la semana intentaremos estar cerca de aquel compañero o persona que más lo necesita. Y de esta forma estaremos viviendo el Evangelio.

¡Adelante con esta Buena Noticia!
No nos olvidemos de estar atentos en este momento de la celebración eucarística. Dios te habla personalmente, nos habla a cada uno. Yo no me quiero perder su mensaje. ¡Seguro que tú tampoco! ¡Oídos bien abiertos!

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