La Misa, paso a paso (09/20)

Artículo publicado en revista RIE de septiembre de 2020

Liturgia de la Palabra

Queridos amigos RIE: ¡Cuánto tiempo ha pasado! Para algunos el curso está por la mitad; para otros, en cambio, es tiempo de despedirse de las vacaciones y prepararse para comenzar actividades. A unos y a otros damos la bienvenida, después de tres meses sin encontrarnos en este rinconcito de nuestra revista.

Si recordáis (y si no, lo recordamos juntos), en nuestra sección nos proponíamos ir explicando cada una de las partes de la Misa. Tras los ritos introductorios comienza una de las grandes partes, que se denomina Liturgia de la Palabra. Refresquemos un poco la memoria:

A estos ocho puntos los dividiremos en tres bloques. Y juntos iremos descubriendo porqué la Palabra de Dios es tan importante en nuestra vida y porqué ocupa un lugar tan significativo dentro de la celebración de la Eucaristía. Hoy nos centraremos en el bloque A. ¡Vamos!

Escuchamos la Palabra de vida
Con la proclamación de la primera lectura inicia esta parte de la Misa que llamamos Liturgia de la Palabra. Hasta este momento hemos estado de pie, signo de los que viven como resucitados, ahora nos sentamos para escuchar con atención a Dios que nos habla a través de las Sagradas Escrituras. Es importante recordar que si nuestro corazón está dispuesto para acoger su Palabra, esta se hará vida y nos irá transformando por dentro. De lo contrario, será como la semilla que el sembrador salió a sembrar y cayó entre piedras, sin dar vida.

Primera lectura: El Dios de nuestros padres nos habla
La primera lectura está, generalmente, tomada del Antiguo Testamento (si has prestado atención seguro recordarás que, en cambio, durante el Tiempo Pascual la primera lectura es del libro de los Hechos de los Apóstoles). Por estos relatos conocemos acontecimientos importantes como la creación del mundo, la historia y las circunstancias por las que ha pasado el pueblo de Israel hasta la llegada de Jesús. Una de las palabras más significativas y repetidas es «Alianza», pues ella nos habla de amor, de promesa, de misericordia, de perdón, de arrepentimiento. Esta alianza nos recuerda, sobre todo, la promesa de un Mesías, nos habla de Jesús. El Antiguo Testamento es el principio de la historia de la salvación, que es también nuestra historia, pues trata de nuestros antepasados, de nuestros padres en la fe.

Salmo responsorial: Respondemos a Dios a que nos habla
Los salmos nos dan las palabras justas para responder a Dios que nos habla. Hacemos nuestras cada una de esas palabras y las repetimos con corazón sincero. La frase con la que respondemos se llama antífona y es cantada o rezada después de la proclamación de las estrofas que componen el Salmo. Por ejemplo:

Salmo responsorial. Salmo 116
R.  Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

Una curiosidad: los salmos son 150, y juntos forman, en la Biblia, el Libro de los Salmos. En la Liturgia se le llama Salterio. Con la oración de los salmos rezó también Jesús, nuestro hermano. Segunda lectura: El mensaje que nos dejaron los apóstoles

La segunda lectura se toma del Nuevo Testamento, de alguna de las Cartas o del Apocalipsis. Nos transmiten el mensaje fundamental de la predicación de la Iglesia primitiva: la encarnación, muerte y resurrección de Jesús. Nos explican la vida del cristiano y nos muestran de distintos modos que el creyente está llamado a vivir una comunión profunda con Jesús.

Jesús era un Maestro que enseñaba a todos, pero no ha dejado nada escrito, solo transmitía su mensaje de modo oral, con sus palabras y sus actos. De todo lo demás se ocuparon los discípulos, ya que son ellos quienes dejaron por escrito lo que habían visto y oído o bien lo que les habían transmitido, sobre todo la experiencia de la muerte de Jesús, que sufrió por amor a cada uno de nosotros. Eran personas sencillas, frágiles como nosotros, pero que el encuentro con Jesús había incendiado su corazón, impulsándolos a comunicar al mundo con valentía lo que Jesús había hecho en sus vidas.

El canto alegre del triunfo: Aleluya
Este es un momento solemne, nos volvemos a poner de pie, como personas resucitadas, porque quien hablará ahora es el Resucitado, es Jesús mismo. El Aleluya es el canto de la Pascua. Se trata de una aclamación triunfal, que el libro del Apocalipsis la pone en boca de los santos que aclaman a Jesús, el Cordero inmolado y resucitado: «Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: ¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: ¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso» (19, 1. 6-7)

Una invitación para concluir
Podemos decir juntos que lo que hoy hemos aprendido es asombrosamente bonito: Dios nos habla, y desea que lo escuchemos. No olvidemos abrir nuestro corazón para escuchar su Palabra cada domingo.

Finalmente, os invito a recordar durante la semana una palabra, una frase, un episodio de lo que habéis escuchado el domingo durante la Liturgia de la Palabra. Es importante, porque si esto nos acompaña durante toda la semana nos ayudará a responder también como Jesús, con palabras y obras.

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