La Misa, paso a paso (05/20)

Artículo publicado en revista RIE de mayo de 2020

La ocasión perfecta para pedirle algo a Dios

Hola amigos RIE, ¿cómo estáis? Esperamos que muy bien y con muchas ganas de seguir con nuestra Misa minuto a minuto. Aprender sobre este gran misterio es una gran oportunidad. Hoy vamos a hablar de una oración. ¿No habíamos hablado de esto ya?

Pues sí tenéis mucha razón, la Misa misma es una gran oración. Pero de la que hablaremos hoy es muy particular y dentro de unos renglones os daréis cuenta por qué.

Oración colecta
Sabemos lo que significa la palabra oración, pero «colecta» quizás ya no os suene mucho. Investiguemos un poco esta palabreja.

«Colecta» viene del verbo en latín «colligere» que significa recaudar, recoger. Esto tiene mucho que ver con la oración colecta porque el sacerdote, en este momento de la Misa, recoge las oraciones que cada uno de nosotros hace en el silencio de su corazón, y las presenta, todas juntas, al Señor. Es, por tanto, una oración que se dirige al Padre.

La Iglesia se pone delante de Dios en un reverente silencio, mientras se mira a sí misma, reconoce sus necesidades espirituales y asume lo que aún falta en su camino hacia el Cielo, ve el mundo como es ante Dios y por todo ello le pide, le ruega, le pregunta y lo invoca con confianza.

¿Recordáis en qué momento rezamos con esta oración? Es muy fácil de encontrar: tras el acto penitencial y el Gloria (si ese día se reza) el sacerdote nos invita a la oración diciendo: «oremos». A continuación deja un breve tiempo de silencio que nos da la posibilidad de pensar interiormente lo que deseamos pedir a Dios. Es nuestro momento de presentarnos al Padre y compartirle todo aquello por lo que esperamos su ayuda: en una enfermedad, una necesidad, una intercesión, etc.

Después, el celebrante extiende sus brazos (es un gesto que nos recuerda a Jesús que abraza a su Iglesia) y lee, o canta, la oración colecta, que también nos anticipa el tema de la celebración del día preparando la asamblea para la escucha de la Palabra de Dios. Por cierto, no hay solo una oración colecta. Hay varias y cada una según un tema. Depende, también, del tiempo litúrgico que se está viviendo.

Ahora que hemos visto lo importante que es la oración colecta, también es interesante conocer cómo formad, es decir, su estructura, qué partes la componen.

Su estructura
Al comenzar la oración colecta, lo primero que hace el sacerdote es dirigirse a Dios usando uno de los tantos títulos que se le dan, por ejemplo: «Dios grande y misericordioso», o «Señor del Cielo y tierra» o… ¿recordáis algún otro inicio de esta oración? Después recordamos y reconocemos algo que Dios haya hecho por nosotros. Es este reconocimiento lo que nos da la valentía de pedirle aquello que en el presente necesitamos para nosotros mismos o para las personas que conocemos, para la Iglesia y para el mundo entero.

La oración colecta termina con una fórmula trinitaria, es decir, dirigiéndose a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo: «por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos». No se trata simplemente de una fórmula conclusiva, se trata de que Dios Padre escucha nuestra oración a través de su Hijo. En el Evangelio hay un texto en el que Jesús habla explicándonos que «lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre» (Juan 16,23). Por todo esto es muy recomendable estar bien atentos a la oración colecta, es importante que la escuchemos con atención, incluso con gusto, intentando entender cada palabra, porque con esta oración el sacerdote está presentando a Dios todas nuestras intenciones.

La oración colecta, además, aunque es breve, nos da ocasión para decirle a Dios, nada más comenzar la Misa, con nuestra cabeza y nuestro corazón «estoy aquí», sabiendo que Dios siempre escucha nuestras necesidades.

Con la certeza de que Dios nos escucha
Cada domingo que vayáis a Misa (u otros días de la semana si se da la ocasión) intenta estar atento a la oración colecta porque es el momento oportuno para ofrecer a Dios todo aquello que traemos dentro.

Podéis, por ejemplo, durante este mes, antes de empezar la Misa, pensar en aquello que en este momento quieres pedir, así puedes aprovechar el espacio de silencio que se crea luego de la invitación del sacerdote cuando dice «oremos». Ten por seguro que tu pedido llega a Dios Padre y que para Él es importante cuanto traigas en tu corazón.

Con esta propuesta para vivir durante este mes nos despedimos, con la alegría de saber que nos reencontraremos en la próxima revista para empezar a conocer de qué se trata la Liturgia de la Palabra de la que os hablamos anteriormente.

Y te hago una invitación: rezar unos por otros en este tiempo que nos toca vivir de la covid-19. Estamos todos unidos y presentes a través de nuestra oración, así nos damos fuerza unos a otros para seguir adelante. ¡Seguro habéis comprobado cuán eficaz es la oración en más de una ocasión!

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