La Misa, paso a paso (03/20)

Artículo publicado en revista RIE de marzo de 2020

¡Nos ponemos en camino!

Comenzamos a vivir paso a paso la Misa, ¿te acuerdas qué es lo primero que suena invitando a ir a Misa? Te doy una pista: talán, talán, talán… El sonido de la campana, cada domingo, se vuelve una invitación alegre a encontrarnos todos en la iglesia para comenzar la celebración: es un momento privilegiado para entrar en relación con Jesús y los hermanos que allí se encuentran.

En algunas celebraciones, al inicio de la Misa, los celebrantes entran en procesión desde el fondo de la iglesia. En esa pequeña o gran procesión estamos representados todos los que vamos al encuentro de Jesús con nuestras existencias hechas de alegrías y fatigas, de dolor y esperanza, porque la vida de un cristiano siempre es un camino con Dios.

Como es un momento en el que nos preparamos para el encuentro con el Señor, estamos de pie. Esto no es por casualidad, porque estar de pie es el signo del resucitado. ¿Sabías que, en griego, la palabra resurrección significa «ser puesto en pie»? Además, cantamos para festejar un nuevo encuentro, este canto nos une y nos ayuda a entrar en clima, en el misterio que celebramos.

Si recuerdas, cuando el sacerdote llega al altar le da un beso. Esto es así porque el altar es el signo de Cristo, donde se realizará el misterio con el cual hacemos memoria de la entrega de Jesús en la cruz. Este beso también continúa la antigua tradición de mostrar reverencia por el sacrificio de los mártires. Sirve como un recordatorio continuo de que cuando celebramos la Misa celebramos con todos los santos y ángeles en el cielo. Una curiosidad: en el centro del altar, en un hueco, sellado, se conservan las reliquias de algunos santos y mártires que han donado la vida por Jesucristo. ¿Os animáis a pedirle a vuestro párroco que os muestre esta cavidad? ¡Pues adelante! Y, de paso, preguntadle de qué santos son las reliquias que allí se guardan.

Un beso y un saludo
Además del beso en el altar, somos todos invitados a comenzar nuestra celebración en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Sí, es el signo de la cruz, porque es un alegre anuncio de nuestra fe y, además, nos recuerda nuestro Bautismo, porque nos hemos reunido en el nombre de Dios Uno y Trino. Esto asegura su presencia entre nosotros «porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos», dijo Jesús (Mt 18,20).

Después del signo de la cruz el sacerdote da a todos la bienvenida y, extendiendo las manos, pide para todos que la gracia, es decir la amistad de Jesús descienda sobre todos, con una fórmula como la siguiente: «el Señor esté con vosotros». Nosotros respondemos a este saludo y pedimos también la bendición de Dios con las palabras «y con tu espíritu».

Nos despedimos hasta la próxima, nos encontraremos nuevamente en abril para adentrarnos un poquito más en esta gran celebración, que es la Misa, con el acto penitencial.

Mientras tanto divertiros descubriendo la oración que hay escondida. ¡Ah, que queréis la solución! La próxima lo sabréis ;-).

¡Hasta el mes que viene!

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