Tu Palabra me da vida (domingo 5 de enero, II de Navidad)

Artículo publicado en revista RIE de diciembre de 2019.

Juan 1,1-18

«Al principio ya existía la Palabra y la Palabra se dirigía a Dios, y la Palabra era Dios. Ésta al principio se dirigía a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. En ella había vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino un testigo de la luz. La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. Vino a los suyos, y los suyos no la acogieron. Pero a los que la acogieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: quienes no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del varón, sino de Dios. La Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros. Y nosotros contemplamos su gloria, gloria como de Hijo único del Padre, lleno de lealtad y fidelidad. Juan grita dando testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo. De su plenitud hemos recibido todos: una lealtad que responda a su lealtad. Pues la ley se promulgó por medio de Moisés, la lealtad y la fidelidad se realizaron por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre, lo ha explicado».

El Evangelio de Juan nos cuenta, con otras palabras, lo mismo que ya nos contaron Mateo y Lucas: que Jesús es el Hijo de Dios que vino a vivir con nosotros. Dice una cosa que suena a toda la tristeza del mundo: «vino a los suyos y los suyos no lo recibieron». Es decir, vino a su casa y lo echaron fuera. Hoy pasa lo mismo en muchos lugares, Jesús viene a estar con las personas y las personas están muy ocupadas como para recibirle. Te invito a imaginar por un momento, qué hubiera pasado si Herodes hubiera recibido a Jesús, si la gente del pueblo lo hubiera reconocido, si las familias lo hubieran aceptado… Si lo que surge en tu imaginación te gusta y te parece bueno, te invito a que recibas a Jesús en tu corazón.

Reflexión de “Rezando voy” para este día.

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