Junto a san Manuel (12/19)

Artículo publicado en revista RIE de diciembre de 2019

La perseverancia de san Manuel marcó mi vida

¡Hola a todos! Soy Mª Emilia Espinoza Bruno, tengo 40 años, nací en la ciudad de Concordia, en Entre Ríos, Argentina. Soy arquitecta y artesana, me encanta pasear, viajar, conocer lugares y personas nuevas.

Conocí a san Manuel cuando tenía 10 años, en la catequesis del colegio, que nos la daba la hermana Mª Patricia, Misionera Eucarística de Nazaret. Tengo el recuerdo de que lo primero que nos contó de don Manuel fue su experiencia en Palomares del Río. Creo que a nosotros en ese momento nos parecía un cuento lo que nos decía. Sin embargo, fue impactante imaginarlo llegando al pueblo en un burrito, me dolió la sensación que él tuvo frente al abandono de Jesús.

Una luz para compartir
Lo que me encanta de su vida es la perseverancia, el «Aunque todos, yo no». Esa promesa suya de no abandonar nunca a Jesús me marcó a fuego, ese todo o nada suyo. Además esta actitud me ha caracterizado mucho en mi vida.

Creo que san Manuel nos invita a no abandonar a nadie y a estar más atentos. Muchas veces en mis vueltas por el mundo, caigo en la cuenta del abandono de las personas, de las familias; y pienso que si a veces no somos capaces de estar con las personas más cercanas, perdemos la sensibilidad hacia los hermanos y cuanto más en relación a Jesús, que está allí, en silencio, esperándonos. Él siempre sale a nuestro encuentro, pero muchas veces estamos distraídos.

Tengo el recuerdo como si fuese hoy (¡y ya han pasado 30 años!) de mis primeras visitas al Sagrario. Eran algo diferente a lo habitual, íbamos con las hermanas y teníamos pequeños momentos preciosos de amistad con Jesús. Recuerdo que el primero de la fila que estaba sentado en el banco frente a Jesús, se acercaba a la lámpara del Sagrario y hacía el gesto de que atrapaba la luz y nos la traía al resto, a los que estábamos sentados y la íbamos pasando de uno a otro, hasta el último, que la llevaba nuevamente a la lámpara. Tanto me marcó esta experiencia, que cuando yo fui monitora de la RIE en mi parroquia, hacía lo mismo con los chicos.

La sorpresa fue que nunca estaba sola
Os cuento que este último año ha sido muy especial para mí y mi relación con Jesús Eucaristía también, ya que decidí tomarme un año sabático; salí de mi ciudad, de mi país, dejé mi casa, mis cosas, mis comodidades, mi familia, amigos, trabajo… para salir y conocer el mundo. Me encontré viajando sola muchas veces, pero la sorpresa fue que nunca estaba sola, sentí a Jesús presente todo el tiempo, lo pude visitar, acompañar y reconocer en muchos lugares. Al llegar a cada Iglesia, me iba al Sagrario, allí podía reír y llorar. Salí de mi país con nada y me refugié en Él, en esa pobreza y nunca tuve miedo ni me sentí sola. Confío plenamente en Él.

Sorpresas impresionantes
Entre las muchas experiencias de este año, dos me marcaron de forma especial a mi paso por Europa: la ConviRIE y el Camino de Santiago. Mi sueño era tener la oportunidad de compartir algún apostolado con las hermanas y nunca imaginé que me esperaba este regalo, sé que nunca voy a olvidarlo.

El campamento fue genial porque pude compartir con gente de España y otros países, conocerlos, conocer la cultura, a los niños, la fe profunda de los españoles. Haber caminado hasta Santiago de Compostela fue el momento culmen de este viaje de tanto tiempo. Las experiencias, las meditaciones, el compartir, las charlas con gente desconocida. Yo puse la voluntad y las ganas de ir, pero lo que las hermanas y el grupo generaron es impagable.

A mi regreso a Argentina, todos me esperaban para que les contase la experiencia y lo mejor era ver cómo les brillaban los ojos al escucharme, sobre todos a mis amigos que no son creyentes, que no conocen a Jesús. Esto me ha hecho pensar en lo importante que es compartir buenas noticias, sobre todo ¡la Buena Noticia de la Eucaristía!

Por último, antes de despedirme, me gustaría invitaros a perseverar y ser amigos de Jesús como san Manuel, a confiar en Él, pedirle. El Señor está vivo regalándonos dones continuamente, todo el tiempo, solo que no hay que estar distraídos, sino a su lado y atentos para poder recibir esto cada día.

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