La Misa, paso a paso (11/19)

Artículo publicado en revista RIE de noviembre de 2019

Revestidos del nombre de Dios

Queridos Niños RIE de todo el mundo, aquí nos encontramos nuevamente para aprender un poquito más sobre la celebración de la Eucaristía. Como veis es un gran manantial, ya que siempre tiene algo nuevo en lo que profundizar. En nuestros anteriores encuentros habíamos reflexionado sobre nuestro comportamiento en Misa, el sentido de cada postura, el porqué del canto y la riqueza de conservar y vivir la celebración en el silencio interior y exterior.

Debemos recordar que «amén» es igual a decir «sí». Es el «sÍ» que nos ayuda a tomar conciencia de la presencia de Dios, de su amor misericordioso, y de cuánto nos ama. Por eso el título de este artículo: «Revestidos del Nombre de Dios». Aquí comenzamos nuestro pequeño tour por los amén de la celebración de la Eucaristía que estamos invitados a responder con toda nuestra mente y corazón.

El AMÉN al nombre de Dios
El primer amén de la celebración Eucarística lo proclamamos a la conclusión del signo de la Cruz, nada más comenzar la Misa.

En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo
AMÉN

Este amén evoca también un camino de la persona que se siente llamada por Dios a participar con la mente y corazón de la fiesta del encuentro. Es aquí donde comienza el itinerario que nos lleva a la comunión con Jesús y con los hermanos que están a nuestro lado. Es un camino que nos llevará al altar y será nuestro «sí» nuevo y firme a lo que Dios quiere ofrecernos, a sí mismo.

El AMÉN de la misericordia
Lo proclamamos al final del acto penitencial, ¿os lo recordáis?:

Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna
AMÉN

Estamos ahora en la conclusión del rito penitencial. Momento precioso para dejar ante Dios todo aquello que, sabemos en nuestro corazón, ha sido una ofensa de nuestra parte a Dios, porque hemos faltado en amor. Es decir que nos damos cuenta que nuestro amor ha sido pobre y tenemos que seguir creciendo en amor a Dios y a nuestros hermanos. Con este amén acogemos en nuestro interior el perdón de Dios y le agradecemos por tanto amor recibido.

El AMÉN a la gloria de Dios
Al concluir el «Gloria», afirmamos:

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz […]
AMÉN

Llegamos al «Gloria» con la experiencia de sentirnos perdonados y reconciliados con Dios y con los hermanos. Por eso nace en nuestro corazón una alabanza grande hacia Dios. El «Gloria» es cantado (o recitado) desde lo más hondo del corazón por aquellas personas que sienten una profunda necesidad de dar gracias a Dios por todo, creando un clima de fiesta y alegría.

El AMÉN de nuestras intenciones
Estamos aquí en el momento de la oración colecta. ¿Pero qué significa exactamente este momento y a qué responde nuestro amén? La oración colecta cambia según el domingo o fiesta que se celebra. Esta es una:

Dios todopoderoso y eterno,
a quien nos atrevemos a llamar Padre,
renueva en nuestros corazones el espíritu de la adopción filial,
para que merezcamos acceder
a la herencia prometida.
Por nuestro Señor Jesucristo […]
AMÉN

Esta oración, llamada «colecta», es dicha por el sacerdote y recoge las intenciones de toda la Iglesia, es decir que hace como una especie de colecta de todas nuestras oraciones. Por eso comienza con una invitación: «Oremos». Es el momento en el que nos volvemos hacia nuestro interior en silencio para presentar a Dios nuestras intenciones. Nuestro amén es como el sello de nuestra participación en esta parte de la celebración, es como estar en la Misma sintonía con Dios.

El AMÉN de nuestra fe
El quinto amén lo decimos al concluir la profesión de fe, es decir, al terminar el «Credo». Nos dice un teólogo que se llama Von Balthasar que «creer es decir amén a las palabras, las promesas, a los mandamientos de Dios; un amén que es un compromiso total».

Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del Cielo […]
AMÉN

Al hablar de profesión de fe estamos hablando de la oración del «Credo», que concluye con la palabra amén. Pero la misma palabra «Credo» significa amén, porque es una síntesis de cuanto creemos: digo amén a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; digo amén al proyecto de Dios que actúa en la historia y en mi vida; digo amén en comunión de fe con los demás. Digo amén, es decir, afirmo en una palabra aquello que acabo de decir en el «Credo»: Creo en ti, Señor, yo sé quién eres.

El AMÉN de la oración universal
Este amén de la última parte de la Liturgia de la Palabra se refiere a la oración de los fieles. Son todas aquellas oraciones que la asamblea presenta a Dios, intercediendo por las grandes necesidades de la Iglesia, de la sociedad, de nuestra comunidad parroquial. También pedimos por vivos y difuntos. Por ejemplo:

Padre, concede a tu pueblo todo aquello que necesita para que crezca en generosidad de corazón y en ayuda a los más necesitados. Te lo pedimos por Jesucristo n20uestro Señor
AMÉN

Nuestro amén al final de esta oración imprime la unión de nuestro corazón en cada una de las oraciones que se han dirigido a Dios, es decir, me uno a cada una de ellas como si yo mismo las estuviera verbalizando.
¡Cuántas cosas hemos aprendido hoy! Es interesante ver cómo estos amén nos enseñan tanto para vivir cada día en la presencia de Dios. Ya tenéis para reflexionar este mes. Recordad que decir amén equivale a decir «sí» y un «sí» dicho desde el corazón. Pero acordaos que al decir este «sí» no estáis solos, sino que toda la Iglesia os acompaña.

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