Tu Palabra me da vida (domingo 3 de noviembre: XXX domingo del Tiempo Ordinario)

Artículo publicado en revista RIE de octubre de 2019.

Lucas 19, 1-10

«Entró en Jericó y la fue atravesando, cuando un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores y muy rico, intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura. Se adelantó de una carrera y se subió a un sicómoro para verlo, pues iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo: –Zaqueo, baja aprisa, pues hoy tengo que hospedarme en tu casa. Bajó a toda prisa y lo recibió muy contento. Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: –Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le restituyo cuatro veces más. Jesús le dijo: –Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán».

De Zaqueo podemos aprender muchas cosas: En primer lugar, que nada nos impide lograr lo que nos proponemos. Él era un hombre de baja estatura, ni llegaba a ver a Jesús pasar por la cantidad de gente que había, ni Jesús podía verlo a él. Por eso, usó lo que tenía a mano para lograr su objetivo. Cuántas veces nosotros ponemos excusas para no hacer lo que deberíamos diciendo es que si fuera más alto, si tuviera más dinero, si no fuera tan tímido, si tuviera más años… etc. Cuando quieres algo de verdad nada te puede parar. A menudo el mayor obstáculo son los propios prejuicios.

Para Jesús no hay ninguna casa despreciable. Zaqueo le da lo mejor que tiene, aunque sea fruto de una mala vida y de ahí se agarra Jesús para cambiarle la vida y hacerlo una buena persona. El perdón no nos exime de responsabilidades. A veces creemos que perdonar es olvidar y no necesariamente es lo mismo. Cuando tienes un accidente y sales herido te puedes recuperar, pero eso no significa que te olvides del lugar y las circunstancias en las que te accidentaste. Cuando pides perdón por haber hecho daño tienes que hacerte responsable y de alguna manera reparar el daño. Zaqueo lo entendió perfectamente.

Reflexión de “Rezando voy” para este día.

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