Arte para ilustrarte (10/19)

Artículo publicado en revista RIE de octubre de 2019

Santas y santos

El mes de noviembre comienza con la solemnidad de todos los santos. Es más, como es una fiesta tan importante, comienza en la tarde el 31 de octubre (como la Misa de los sábados por la tarde, que ya comenzamos a celebrar la liturgia del día siguiente, el domingo).

Esta solemnidad no debe confundirse con la que se conmemora el día de los difuntos, celebrada el 2 de noviembre. En esta fecha, la Iglesia católica recuerda a todos aquellos difuntos que, una vez en el reino de Dios, han sido beatificados y canonizados, además de los que ya gozan de la presencia del Padre.

El libro del Apocalipsis (ya sabes, el último de la Biblia) menciona a todos los santos: «Y otro ángel vino y se puso en pie delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo ofreciese con las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios con las oraciones de los santos» (8,3-4).

¿Santo? ¿Mártir? ¿Testigo?
Actualmente relacionamos la palabra mártir con aquella persona que sufre y muere en defensa de la religión; sin embargo el origen griego del término μαρτυs – υροs (se lee: mártys, -yros), así como el verbo μαρτυρεω (que se lee martireo) significaron en su día «testigo», «el que da testimonio». De esta forma fueron los mártires aquellos primeros testigos que en su misión de dar fe, murieron en defensa de Jesús. Incluso los que atestiguaron sin ver, entregaron su vida por una causa que les llenó el alma y el corazón.

Los testigos fallecidos por la fe comenzaron a ser venerados por los primeros cristianos debido su carácter inquebrantable y, en poco tiempo, estos αγιοs (que significa «santos»), ya formaban parte del culto cristiano. Una vez más, no son pocas las ocasiones en que el arte nos da razón de estos elegidos por Dios para predicar su mensaje y el de Jesús. Los «martyria» se comenzaron a construir para albergar los restos sagrados de estos personajes, concibiendo estas construcciones como recintos de planta centralizada con la reliquia en el centro, de forma que los peregrinos circularan alrededor de las reliquias.

Una foto muy especial
Sus paredes, así como las de iglesias y catedrales comenzaron a ser decoradas con sus representaciones. Es el caso de los mosaicos de la basílica de San Apolinar el Nuevo en Rávena, donde Justiniano, emperador del Imperio Romano de Occidente (lo que pasó a llamarse Bizancio) ordenó construir un conjunto de recintos sagrados. En sus paredes podemos observar las procesiones de santos y santas, donde la perfección de las teselas (cada uno de los cuadraditos que componen el mosaico) reflejan el gran estima que se les profesaba. El material precioso y la minuciosidad con la que han sido colocadas nos muestran a los personajes colocados entre palmas. ¿Por qué? La respuesta es sencilla; si bien Jesús y María tienen sus símbolos propios dentro del arte, los santos no se iban a quedar sin unos atributos a través de los que cualquier espectador pudiera reconocerlos.

La palma es un icono generalizado que representa al mártir presente en toda escena de martirio, pues trae a colación lo que expresa el libro de los Salmos al decir: «El Justo florecerá como palmera». Recuerda igualmente al Domingo de Ramos, cuando Cristo triunfal entra en Jerusalén poco antes de su pasión y posterior resurrección; de igual forma los santos obtienen su victoria y triunfo en el cielo.

Otro de los elementos presentes en el mosaico son esas coronas portadas tanto por hombres como mujeres. Es otro de los símbolos de triunfo, todos en relación con esa recompensa que, tras tanto dolor, obtienen junto al Padre. En las mujeres, del mismo modo que los lirios presentes a los pies de las santas, recuerdan su carácter virginal.

Igualmente los colores ya nos avisan de la grandeza de los personajes representados. Estas imágenes, modelos por excelencia del arte bizantino, no pretendían reproducir la naturalidad y el realismo de la escena, sino el carácter transcendente de las personas sagradas. El dorado representa el espacio y tiempo eternos, recordándonos cómo hoy en día siguen existiendo santos y santas por todo el mundo que dan fe del mensaje de Jesús, pues como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, ¡todos estamos llamados a ser santos!

Signo distintivo
Cada uno de estos símbolos hacen que las imágenes nos hablen por sí solas y, a través de su observación, podamos conocer la historia que el artista desea transmitirnos. De igual modo, a cada santo se le representa con un atributo concreto que especifica, en la mayoría de las ocasiones, el motivo o modo, en el que fueron asesinados.

Como apunte histórico hemos de decir que tras la realización de los mosaicos, allá por el s. VIII, el Imperio Bizantino vivió una fuerte crisis que derivó en un rechazo a las imágenes, de manera que gran parte de ellas fueron destruidas una vez se vio que el culto había quedado desplazado por la idolatría al objeto en sí y no al mensaje que nos transmite. Con esto recordamos la importancia de abrir los ojos y mirar más lejos de donde nuestra vista nos conduce, de manera que a través de los ojos del corazón, gritemos al mundo el mensaje más importante: el testimonio de Jesús; pues todos tenemos la capacidad de ser uno de esos αγιοs que por encima del miedo no dudaron en mostrar a quienes les rodeaban la grandeza de Dios.

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