Cita con Jesús Eucaristía (10/19)

Artículo publicado en revista RIE de octubre de 2019

Dime cómo te despiertas…

Seguro que has escuchado el refrán que dice: «Dime con quién andas, y te diré quién eres». Me atrevería a cambiarlo un poco para decir: «Dime cómo te despiertas, y te diré cómo vives». Muchas veces se escucha que nuestra manera de pensar es muy importante para vivir quejándonos más o menos. Tiene mucho que ver con la imagen del vaso medio lleno, o medio vacío. ¿Tú cómo lo ves?

Oración de la mañana
En esta mañana, Señor,
queremos alabarte y darte gracias
por tu presencia
que nos llena de alegría;
porque tus obras son grandiosas
y están inundadas de verdad,
porque toda la tierra está rociada
con la lluvia de tu bondad.
Tus ojos llenos de amor y ternura,
cuidan siempre
de la obra de tus manos,
por eso vivimos alegres y confiados.

Durante el día se nos pasan muchas cosas por la cabeza: pensamientos, recuerdos, imágenes… No podemos decidir qué escenas queremos que pasen por nuestra mente, pero sí que está en nuestras manos elegir a cuáles les damos más importancia y a qué no tenemos porqué hacerle tanto caso.

Desde muy temprano, cuando te despiertas, una de las primeras cosas que podrías pensar es que te gustaría seguir durmiendo, y que te da pereza prepararte para ir a clases, para un examen, que no te apetece encontrarte con ese compañero que te cae mal, etc… ¡con lo bien que se está de vacaciones, sin madrugar…! Aunque también puedes pensar que tienes un día más de vida, otra oportunidad para seguir aprendiendo, para experimentar el cariño de tu familia y la amistad; que puedes salir y caminar tranquilamente por la calle, disfrutar del cielo azul y del sol, de una sonrisa y un «buenos días». Como ves, son dos formas muy diferentes de prepararnos para un nuevo día. Tú, ¿con cuál te quedas?

Vivir dando gracias
Una forma de lograr despertarnos con un poco más de ánimo y superar el madrugón, es probar a dar gracias, de manera especial a Dios Padre, que nos creó y nos regala un montón de cosas cada día. Además, Él nos envió a su Hijo, Jesús, que como ya sabes, se ha quedado con nosotros en la Eucaristía, y camina junto a nosotros en los momentos de alegría y también en los más difíciles. Cuando nos detenemos a pensar todo lo bueno que hay en nuestra vida, caemos en la cuenta de lo afortunados que somos, nuestro corazón se llena de alegría y nos entran más ganas de vivir un nuevo día dando a los demás todo lo que tenemos: una sonrisa, nuestra escucha atenta, una respuesta a una duda, un consuelo ante una lágrima, un aliento ante el cansancio…

Vivir en acción de gracias no significa que queramos evitar las situaciones difíciles, como la enfermedad de alguien a quien queremos, la discusión con algún amigo, la asignatura que no logramos aprobar. Las dificultades forman parte de nuestra vida, pero cuando vivimos de cara a Dios y dándole gracias por todo lo que nos regala, aquello que nos cuesta nos pesa un poco menos, y encontramos más fuerzas para vivirlo y superarlo. Si te paras a pensar en Jesús, verás que en su vida también encontró momentos difíciles, pero nunca dejó de dar gracias al Padre, porque sabía y confiaba en que Él estaba a su lado, tanto en lo bueno como en lo malo.

Oración de la mañana
Esta oración que te presentamos hoy (y que puedes encontrar en la página 5 del RIE oracional) nos ayuda a despertarnos en actitud de acción de gracias. En ella, agradecemos al Señor su presencia, en cada uno de nosotros y también en la Eucaristía; damos gracias por sus obras, es decir, por la creación y por cada uno de nosotros, y también dice que «toda la tierra está rociada con la lluvia de su bondad». Dios no se ha conformado solo con crearnos, sino que siembra en nuestro corazón su propia bondad, y así podemos querer a los demás y experimentar el regalo de ser queridos.

La oración continúa hablando sobre cómo Dios cuida de su obra, es decir, no nos ha creado y nos ha dejado de lado, sino que permanece junto a nosotros, ayudándonos a crecer, a ser cada día un poco mejores. La última frase dice: «por eso vivimos alegres y confiados». La alegría y la confianza nacen del agradecimiento, de ser capaces de valorar el gran regalo que Dios nos hace cada día.

Un reto
Te invito a que tengas esta oración a mano para que, cada día, al levantarte, la leas y te acuerdes de todas las cosas por las que puedes dar gracias. Y, si te animas, al final del día, puedes revisar tu jornada y dar gracias a Jesús por todas las cosas buenas que has vivido. Verás que, al dar gracias, tu corazón se llena cada día de más alegría, haces lo que te toca con más ganas, y estás más atento a los demás. ¡Haz la prueba!

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