La Misa, paso a paso (10/19)

Artículo publicado en revista RIE de octubre de 2019

Que así sea

Queridos Niños RIE de todo el mundo, aquí nos encontramos nuevamente para aprender un poquito más sobre la celebración de la Eucaristía. Como veis es un gran manantial, ya que siempre tiene algo nuevo en lo que profundizar. En nuestros anteriores encuentros habíamos reflexionado sobre nuestro comportamiento en Misa, el sentido de cada postura, el porqué del canto y la riqueza de conservar y vivir la celebración en el silencio interior y exterior.

Hoy os propongo detenernos a reflexionar sobre una pequeña palabrita que en cuatro letras contiene un gran significado, ¿os animáis a adivinar cuál es?:

VERD _ D
AFIR _ AR
HEBRE _ A
CORAZÓ _

Seguro ya habéis completado el acróstico, y sí, la palabra es AMÉN. Esta palabra tiene mucho que decirnos hoy. Cuando participamos de la Eucaristía la utilizamos muchas veces como conclusión de las oraciones. Pero ¿por qué terminamos todas las oraciones con un «Amén»?

El YouCat para niños, en el número 159, nos dice que esta palabra significa que estoy de acuerdo de todo corazón. Es una palabra hebrea que quiere decir literalmente «¡Que así sea!». Amén no puede convertirse en una palabra vacía, tiene que sonar como si dijeras: ¡Eso es genial! ¡De eso se trata! ¡Yo soy cien por cien de esa opinión!

Entonces, cada vez que decimos amén estamos diciendo «así sea», «así es». En algunos contextos también significa «en verdad» o «ciertamente». En el Nuevo Testamento, Jesús utiliza esta palabra dos veces («amén, amén») al comienzo de algunos de sus discursos y normalmente se traduce como «en verdad, en verdad».

Miles de ejemplos
Por ejemplo, «en verdad, en verdad os digo: el que cree en mí…» (Jn 14,12). También aparece en el libro del Apocalipsis cuando Jesús es llamado «el Amén»: «He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios» (Ap 3,14). Hoy la utilizamos como una fórmula de asentimiento, de confirmación y la raíz de esta palabra indica firmeza y seguridad, y en hebreo coincide con la raíz de la palabra «fe». Es una de las aclamaciones litúrgicas más frecuentes. Por lo tanto, cada vez que decimos «amén»estamos haciendo una auténtica profesión de fe.

Muchas curiosidades en 4 letras
Es interesante cómo esta palabra tan pequeña tiene tanto que decirnos. Son solo cuatro letras pero en ellas contiene una lección para cada uno de nosotros. Siempre que de nuestra boca sale la palabra amén, solo se dirige a una persona en concreto, Dios, y nos libera de todo aquello que nos aleja de Él.

Con esta afirmación acogemos con todo el corazón el gran amor que tiene por cada uno de nosotros. Además, decimos sí a su proyecto de bien, por eso decir «amén» significa experimentar la plenitud de la propia vida, del amor; nos descubrimos así hijos de Dios, gracias a la acción de Jesús a través del Espíritu Santo. La palabra «amén» aparece 40 veces en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento 152 veces. Jesús solía utilizarlo a menudo antes de un mensaje especialmente importante: «En verdad, en verdad, os digo, el que cree tiene vida eterna» (Jn 6,47). Con esto, Jesús quiere decir: «lo que ahora estoy por afirmar es absolutamente seguro, pueden confiar un cien por cien». De nuestra parte, se espera un amén especialmente cuando recibimos a Jesús en la Comunión; el sacerdote nos muestra la hostia consagrada y el cáliz con la sangre de Cristo y dice: «El Cuerpo de Cristo…, la Sangre de Cristo». Antes de recibirlo tenemos que confirmar nuestra fe en este misterio y decir de todo corazón: «¡Amén!».

Con visión de futuro
En los siguientes encuentros hablaremos de los doce amén que afirmamos en la celebración de la Eucaristía: seis durante la Liturgia de la Palabra y seis durante la Liturgia Eucarística. Así tendremos la posibilidad de tomar conciencia de aquello que afirmamos a cada aclamación del sacerdote durante la Misa. Es una oportunidad que vale la pena aprovechar porque a través de ellos decimos sí al inmenso amor que Dios nos tiene.

Nos despedimos y para la próxima os dejo una tarea. A ver si sois capaces de descubrir cuáles son los doce Amén que decimos durante la celebración eucarística. Un saludo para cada uno y ¡hasta la próxima!

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