Tu Palabra me da vida (domingo 29 de septiembre: XXV domingo del Tiempo Ordinario)

Artículo publicado en revista RIE de septiembre de 2019.

Lucas 16,19-31

«Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y había un pobre, llamado Lázaro, cubierto de llagas y echado a la puerta del rico, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las llagas. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado. Lo llamó y le dijo: –Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas. Respondió Abrahán: –Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. Además, entre vosotros y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta vosotros ni pasar desde allí hasta nosotros. Insistió el rico: –Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos; que los amoneste para que no vengan a parar también ellos a este lugar de tormentos. Le dice Abrahán: –Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen. Respondió: –No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán. Le dijo: –Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso».

Hoy, Jesús en el Evangelio quiere que caigamos en la cuenta de que lo que hacemos en el presente con nuestro prójimo, tendrá consecuencias en el futuro, para nosotros y para él. No podemos pretender ser indiferentes a las injusticias que viven los que están a nuestro lado y que eso no nos acabe afectando. Hay muchos males en el mundo y ninguno de nosotros tiene la capacidad de solucionarlos todos, pero todos podemos hacer algo por quien tenemos al lado y sufre. Algunas veces habrá que ayudar con cosas materiales, en cambio otras, habrá que perder el tiempo con las personas que nos necesitan, poner el oído para escuchar y abrir el corazón para que no se sientan solos. El cielo y el infierno, en este caso, son imágenes que nos advierten de que si queremos vivir un futuro feliz, tenemos que construir en el presente la justicia, el amor y la paz.

Reflexión de “Rezando voy” para este día.

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