Arte para ilustrarte (09/19)

Artículo publicado en revista RIE de septiembre de 2019

Santiago de Compostela: final de un Camino

Según la leyenda, el apóstol Santiago, también llamado Santiago el Mayor o Zebedeo, en su misión de extender y dar a conocer la buena noticia, llegó a la por entonces Hispania a través del estrecho, recorriendo toda la península hasta la Gallaecia, la antigua provincia de la que actualmente Galicia recibe su nombre. Al cabo de un tiempo, los textos nos cuentan que regresó a Jerusalén donde murió mártir por orden de Herodes Agripa.

Sus discípulos llevaron de nuevo el cuerpo a través del Mediterráneo y lo depositaron en un lugar que posteriormente recibió el nombre de «Campus stellae» (campo de estrellas en latín) por la estrella que guió a Teodomiro, el obispo que descubrió la tumba, después de que un ermitaño hubiera visto luces en el lugar.

De ermita a catedral
Con el paso de los siglos, la pequeña ermita que construyeron para custodiar los restos, fue remodelada en sucesivas construcciones hasta que hoy día, tras su fachada barroca del s. XVIII, encontramos uno de los tres grandes centros de peregrinación del mundo, junto a Roma y Jerusalén. Aunque esto no nos viene de nuevas, ya que desde hace más de 1000 años peregrinos de todo el mundo comenzaron a llegar a Compostela movidos por su fe. Todo el complejo está pensado para acoger a los peregrinos, ¡un hogar que acoge a toda la Humanidad!, pues pese a ser donde descansa el apóstol Santiago, no deja de ser la casa del Padre. Por tanto, en su planta podemos ver amplios brazos con numerosas naves (cada una de las filas formadas por pequeños cuadrados y rectángulos), aparte de un segundo piso, la tribuna, que conecta con los pasillos principales de la Iglesia.

Todo este espacio se abría para permitir la entrada del mayor número de peregrinos en la Iglesia ya que muchos de ellos dormían bajo sus techos. Por eso, en el período durante el que se construyó, llamado Románico, se creó un nuevo elemento que ayudaba a esta idea: ese semicírculo que vemos detrás del altar, la girola.

Esto fue ideado para que los peregrinos pudieran rendir culto en el resto de capillas, sin interrumpir la Misa que se estuviera celebrando en el altar ya que, aunque el monumento esté consagrado a Santiago apóstol, en la Edad Media, poseía otras reliquias como las de san Fructuoso, que hoy continúan en el templo, pues se creía que la cercanía a unos restos santos transmitía la santidad. Ya desde el s. X se anticiparon a las palabras del papa Francisco: ¡Todos estamos llamados a ser santos!

Con un golpe de vista
Otra de las características más importantes de este arte románico es su gran expresividad, muy esquemático, de forma que a simple vista podemos ver lo que el artista nos quiere contar, por lo que las Iglesias pasaron a ser muros sobre los que ilustrar pasajes de la Biblia, a modo de grandes libros que hacían llegar a todos los fieles el mensaje de Dios. De esta manera, no solo los Evangelios transmitían el mensaje de Dios, sino que también todo el que visite el templo puede entender el mensaje de Cristo. De esta forma, las dos fachadas laterales, la de las Platerías y las Azabacherías, recogen escenas como las tentaciones y la pasión de Cristo, además de mostrarnos a Adán y Eva o a Abraham. En definitiva, ¡un auténtico ejemplo de arte para Ilustrarte!

Pero sin duda, el elemento que posiblemente llame más la atención al acceder al templo sea el enorme botafumeiro de 1.60 metros de altura. Este tamaño se explica por la ingente cantidad de peregrinos que dormían en el templo. Y hemos de tener en cuenta que tras recorrer el país, o incluso Europa entera, el olor debería de ser, cuanto menos, peculiar. Hoy en día el botafumeiro se pone en funcionamiento en festividades como el Domingo de Resurrección, Pentecostés o el día de Santiago Apóstol.

Constructores de belleza
Concluyendo, podemos ver esta catedral como una de las mayores obras arquitectónicas de la Edad Media, cuya construcción significó un antes y un después para la Historia del Arte; o bien, podemos pensar en la meta que a lo largo de los siglos ha supuesto para tantas personas que partieron de sus hogares con el fin de encontrarse a ellos mismos y cumplir la misión para la que emprendieron el viaje. Cómo esos imponentes muros muestran al hombre capaz de crear belleza en lugar de destrucción; cómo gentes tan distintas en culturas y lenguas se unen en una misma ruta; cómo guiados por la fe, somos capaces de sortear montañas, ríos y caminos para llegar al final de una etapa que puede significar un nuevo camino en el viaje de nuestra vida. Si tantos pudieron proponérselo y conseguirlo, ¿por qué no podríamos nosotros superar cada uno de los retos en nuestro camino?

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