Cita con Jesús Eucaristía (09/19)

Artículo publicado en revista RIE de septiembre de 2019

¡Jesús siempre cuida de nosotros!

De una manera u otra, septiembre es un mes especial: comienzan nuevas etapas, surgen nuevos retos, e incluso, para algunos, aparece gente nueva por conocer… Surge en nosotros la ilusión, el deseo de seguir avanzando, pero también suele nacer la incertidumbre y algo de miedo ante lo nuevo. El salmo que te presentamos hoy, que tienes en la página 15 del RIE oracional, encaja a la perfección en estos momentos.

Salmo 22
El Señor es mi Pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

El salmo 22 forma parte del Libro de los Salmos, perteneciente al Antiguo Testamento. Por tanto, fue escrito antes de que Jesús se hiciera hombre y viviera entre nosotros, pero podemos aplicarlo muy bien a Jesús, a quien llamamos «el Buen Pastor».

La figura del pastor
¿Has escuchado alguna vez llamar a Jesús «el Buen Pastor»? Quizás conoces alguna imagen, parroquia o cofradía con ese nombre. ¿Te has preguntado alguna vez por qué a Jesús lo comparan con un pastor?

El pastor es aquella persona que se encarga de cuidar el ganado, y de manera especial, a las ovejas. Normalmente, cuando nos imaginamos a un pastor, pensamos en alguien sencillo y humilde que conoce a sus ovejas, las guía y las protege. Así es Jesús con sus ovejas, es decir, con cada uno de nosotros. Por eso, entre los muchos nombres que se atribuyen a Jesús, entre ellos está el de «Buen Pastor». El salmo se divide en dos partes. La primera está ambientada en el lugar de trabajo de los pastores: el campo. Nos permite imaginarnos a la oveja guiada por su pastor, descansando entre los pastos, confiada en que el pastor no la dejará ir por lugares peligrosos. A la vez, podemos pensar en nosotros, cuando seguimos el camino que Jesús nos marca. Él nos da la paz y la fortaleza que necesitamos cuando estamos cansados: por ejemplo, cuando está terminado el curso, cuando pasamos por una situación difícil, cuando parece que ya no tenemos más fuerza para estudiar para un examen, o para prepararnos para un partido, o para esperar aquello que tanto deseamos…

Él nos guía, como lo hace el pastor con sus ovejas, y lo hace llevándonos por donde más nos conviene. Y como dice el salmo, lo hace “por el honor de su nombre”. ¿Sabes lo que significa eso? Pues que Jesús es el más bueno y no puede hacer las cosas de otra manera, es decir, no puede conducirnos por otros caminos que no sean los mejores para nosotros. Por eso vale la pena fiarse de Él, aunque a veces no entendamos lo que nos pasa, o nos cueste acoger lo que nos pide.

El salmo continúa diciendo que «aunque camine por cañadas (es decir, por caminos) oscuras, tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan». Jesús, como los pastores, siempre va a nuestro lado, en los momentos fáciles de nuestra vida y también en los oscuros, como por ejemplo, cuando nos cuesta tomar una decisión, cuando nos da pereza hacer algo que en el fondo sabemos que es bueno, cuando tenemos que ser valientes y pedir perdón o perdonar…seguro que a ti se te ocurren otros ejemplos. Jesús siempre, siempre está a tu lado. Y eso de la vara y el cayado… ¿sabes qué es? La vara es como un palo que se utiliza para proteger a las ovejas de los animales que querían herirlas. El cayado es muy parecido, pero en uno de sus extremos tiene una especie de gancho, que agarra a las ovejas con cuidado cuando se pierden o están a punto de caerse. Con esto, el salmo quiere decirnos que Jesús busca protegernos de lo que nos hace daño y, si metemos la pata, nos quiere ayudar a levantarnos.

Toda esta parte del salmo se puede resumir en una palabra: confianza (seguro la conoces). Nos hace comprender que podemos fiarnos totalmente de Jesús, porque Él está a nuestro lado siempre, pase lo que pase: en lo bueno y en lo malo, cuando estamos a su lado o cuando nos despistamos y nos alejamos de Él. Jesús, el Buen Pastor, siempre se las ingenia para rescatarnos de nuevo, siempre que nosotros le dejemos.

Un amor infinito
La segunda parte del salmo expresa el amor infinito de Dios. Primero afirma que el Señor prepara una mesa frente a los enemigos. ¿Te imaginas una rica comida frente a esa persona con la que menos te gustaría estar? Pues el salmo nos dice que es posible, porque Jesús nos enseña y nos ayuda a reconciliarnos. Hay ejemplos de personas que han conseguido perdonar a otras en circunstancias muy duras. Cuando dejamos que Jesús se haga presente en nuestras vidas, todo es posible.

El final del salmo quiere resaltar una misma idea con las mismas palabras: el Señor está siempre con nosotros, él nos acompaña, está con nosotros su bondad y su misericordia: Él siempre nos perdona y nos da fuerza para responder a lo que nos pide. Como ves, aquí tienes un salmo que habla de la ternura y la bondad de Dios. Como dice nuestro amigo san Manuel, Jesús, en la Eucaristía, como Buen Pastor, «no se va, ni deja de dar gracias y bienes, ni se cansa de esperar que vengan, noches y días, meses y años y siglos».

Sugerencia
Anímate a rezar este salmo muy a menudo, para que termines aprendiéndolo y te acuerdes de él en muchos momentos: seguro que siempre te será de gran ayuda. También te lo puedes aprender cantado con una canción muy bonita de Nico, que puedes encontrar fácilmente en YouTube (poniendo Nico Montero, «El Señor es mi pastor»).
Otra manera de rezarlo es pensando en los sacerdotes, llamados a ser pastores al estilo de Jesús. Puedes leer el salmo acordándote de ellos y pidiendo a Jesús por ellos, para que se parezcan cada vez más a él.
¡Que disfrutes rezando y cantando el salmo 22 y que siempre vivas muy cerca del Buen Pastor!

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