Arte para ilustrarte (05/19)

Artículo publicado en revista RIE de mayo de 2019

María, madre de Dios y madre nuestra

«Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo predilecto, dice a su madre: –Mujer, ahí tienes a tu «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). He aquí el comienzo, he aquí el inicio de todo lo que hace pocas semanas celebrábamos. La resurrección del Señor que supuso la culminación de la vida mortal de Jesús comenzada con estas palabras: la aceptación de María de seguir el encargo de Dios y convertirse en madre, tanto de Jesús como nuestra.breves palabras, sencillas a ojos vistas, tiernas, que sin embargo escondían tras ellas gran significado.

Desde los primeros comienzos del cristianismo tuvimos en gran consideración a la Virgen. ¡Cómo no hacerlo!, nunca una madre ha de quedar olvidada. Y de la misma manera que hoy en día nos fotografiamos con nuestras madres, en aquel momento los artistas y artesanos ya fueron construyendo cánones de representación en los que, a lo largo de la historia del arte, podemos observar las distintas facetas de María.

Virgen Galactrophusa
Uno de los primeros iconos en aparecer fue la llamada Virgen Galactrophusa. Como aparece en la Catacumba de Priscila, encontramos a la Virgen sentada con el Niño en brazos, a quien arrima a su pecho. También se le conoce como la Virgen de la Leche. Relacionada con la Caridad romana, seguirá presenta a lo largo de la Edad Media como Madre que alimenta a su Hijo desde la niñez, primero con el propio alimento material y posteriormente con el espiritual que toda madre da a sus hijos a lo largo de sus vidas en los que los acompaña y vela siendo su apoyo y sostén.

Virgen Kiriotissa
Antes de nacer, nuestra madre ya fue nuestro soporte, receptáculo en el que crecimos hasta venir al mundo. A partir de entonces comenzamos a ser los protagonistas de nuestra propia historia y, como suele ocurrir después del parto, la madre pasa a segundo plano frente a la preeminencia del hijo. Del mismo modo ocurrió con la Virgen Kiriotissa, en la que el niño es el personaje principal y ella es apoyo, un trono materno en el que el niño reposa presentado por la madre mientras éste bendice. En este mosaico de Santa Sofía, la podemos ver vestida de azul, color de la divinidad y tres estrellas, símbolos de su virginidad antes, durante y después del alumbramiento. También referentes a la Santísima Trinidad.

Bogorodica de Slepche
Poco a poco, se le irá confiriendo mayor dinamismo a su imagen, lo que podemos relacionar con la madre que, aparte de ser apoyo y alimento, será guía en el camino de nuestra vida al modo en que la Virgen Hodigihitria es aquella que marca el camino. Señala al Niño a quien lleva en sus brazos como verdadero sendero al que quiere acercarnos, tal y como podemos ver en la Bogorodica (Virgen) de Slepche en Macedonia.

Virgen Heleussa
Tampoco podemos pasar por alto esa faceta de madre cariñosa y tierna que nos ama siempre. En sus comienzos llamada Theotokos, la Virgen Heleussa se nos presenta como Virgen de la Ternura (significado griego) en una relación filo-maternal con Jesús que hace carantoñas a María, reflejadas en esa unión de ambos rostros. Sin embargo, en ocasiones podemos verla ajena, incluso triste, pues es conocedora del destino de su hijo. En Rusia esta representación se conoce como Virgen de Vladimir.

La Blanquernitisa
Como curiosidad, es en las catacumbas romanas donde podemos ver los primeros signos de representaciones cristianas tempranas, con unos esquemas muy sencillos heredados de la tradición romana. La figura de la Orante es una de las que posteriormente dio lugar a un tipo de Virgen, la Blanquernitisa, con los brazos levantados y las palmas extendidas. En Occidente pasaría a conocerse como la Virgen de la O que puede aparecer mostrando su embarazo.

¡Dediquemos este mes de mayo a las madres y a María! Desde los albores del cristianismo primigenio fue amada y representada desde todos los puntos de vista en los que una madre puede querer a su hijo: como alimento, sostén, guía, protectora, orante… Cuánto ha de querernos una madre que nos acompaña toda su vida y nos considera lo más valioso. Recompensémosle ese cariño este mes en especial. Un beso, una caricia, una merienda o un “te quiero” que la hagan sonreír, pues la sonrisa de nuestra madre en la tierra, será la misma que la de nuestra Madre del cielo.

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