Tu Palabra me da vida (domingo 9 de diciembre. II de Adviento)

Artículo publicado en revista RIE de noviembre de 2018.

Lucas 3,1-6

El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítida, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, la Palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Juan recorrió toda la cuenca del Jordán predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz grita en el desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. Todo barranco se rellenará, montes y colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará y verá todo mortal la salvación de Dios.

Juan Bautista es el hombre de la esperanza, el que grita en el desierto, aunque no haya nadie para escuchar. A veces, aunque lo que decimos parezca inútil, surte efecto. De hecho, su predicación no se perdió, sino que se recogió para siempre en la Biblia y ¡llegó hasta nosotros que vivimos 2000 años después que Juan! Hoy te invito a que tomes el ejemplo de este amigo de Jesús y te animes a dar testimonio de tu fe. Las personas que te rodean necesitan escuchar algo sobre Jesús y conocerlo. ¡El mundo necesita muchos Juanes Bautistas!

Reflexión de “Rezando voy” para este día.

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