Tu Palabra me da vida (domingo 4 de noviembre. XXXI del Tiempo Ordinario)

Artículo publicado en revista RIE de octubre de 2018.

Marcos 12,28-34

Un letrado que escuchó la discusión y al ver lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: —¿Cuál es el precepto más importante? Jesús respondió: —El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo. Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás al prójimo como a ti mismo. No hay precepto mayor que éstos. El letrado le respondió: —Muy bien, maestro; es verdad lo que dices: el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él. Que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Este domingo Jesús nos desvela qué es lo más importante: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Si te das cuenta son tres las personas que hay que amar: Dios, el prójimo y uno mismo. Es lógico, cuando una persona tiene amor en su corazón lo da a todos, incluso a sí mismo. En este planteamiento tan simple nos jugamos todo, nos jugamos cambiar el mundo y convertirlo en un lugar mejor. Los cristianos, los amigos de Jesús, tenemos entre manos la fórmula de la justicia y el bien, es decir, tenemos una gran responsabilidad. Sabemos la receta, Jesús nos la dijo. Jesús nos enseñó cómo es el amor, qué está dispuesto a hacer y hasta dónde es capaz de llegar.

Reflexión de “Rezando voy” para este día.

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