Libréate (06/18)

Artículo publicado en revista RIE de junio-agosto de 2018

Para reírse con Dios

La oración en la vida del cristiano es uno de los pilares en los que se asienta nuestra fe y por esa razón es tan importante hacer llegar a los más pequeños de la casa ejemplos de salmos, oraciones y alabanzas. Hay muchas maneras de rezar: alabando, dando gracias, buscando perdón, siguiendo el camino, confiando y bendiciendo a Dios. Tenemos mucho camino por recorrer en la oración. ¿Estás preparado para comenzar este recorrido?


Si leemos la Palabra de Dios, podemos descubrir a un Dios que constantemente nos invita a vivir en la alegría y la felicidad de descubrirnos amados y salvados por Él. Por otro lado, si escuchamos al papa Francisco, nos daremos cuenta de que esta invitación se repite continuamente.
En nuestra vida diaria, vivimos acontecimientos que nos hacen pasar por diferentes estados de ánimo: alegría, tristeza, sorpresa, enfado, miedo, etc. En algunas ocasiones, nos podemos quedar en las cosas negativas que nos pasan y esto nos puede llevar a que la tristeza se apodere de nosotros. Pero…podríamos preguntarnos, ¿dónde vive la alegría, para salir corriendo y pedirle ayuda? El libro, “100 chistes con la gracia de Dios” nos indica que el lugar donde vive la alegría es el corazón de Dios. Allí es donde tenemos que acudir para encontrar la fuente de la alegría en su bondad y en su amor. Este encuentro nos ayudará a reírnos de las pequeñas cosas que nos pasan. En definitiva, nos reiremos con Dios, haremos chistes de lo que nos pasa a diario y viviremos la vida de otra manera.
De la gracia que Dios nos regala a cada instante surge el buen humor que nos hace partirnos de risa con Dios y con quienes compartimos la vida, porque descubrimos que en Él hay 100 e infinitas razones para sonreír y hacer reír a los demás. Por eso, en este libro encontraremos chistes de diferentes temáticas: de política, matrimonio, niños, religión etc.
Como pueden ver, este libro, ¡es genial! Nos muestra a un Dios gracioso que se ríe y nos hace reír con su gracia. Ojalá que al leerlo nosotros también podamos decir como Sara, la mujer de Abraham: “Dios me ha hecho reír” (Gn 21,6).

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