Arte para ilustrarte (04/18)

Artículo publicado en revista RIE de abril de 2018

El cofre del tesoro

Posiblemente tengas en un tu casa, en tu cuarto o dentro de algún libro una estampa (o “estampita”, como las llaman en algunos países como Argentina). Las estampas son dibujos, pinturas o fotografías de Jesús, la Virgen o los santos. A veces, detrás traen una oración para pedir ayuda a Dios o la intercesión del santo en cuestión.

Estas imágenes nos ayudan a crecer en la fe, a relacionarnos con Dios y con los santos, a tener cada día más confianza en el amor providente de Dios y a descubrir, cada día un poquito más, cuán cerca tenemos a Jesús en la Eucaristía.

Esta imagen que ves a la izquierda podría, perfectamente, ser una estampa. En ella vemos a Jesús cargando una oveja sobre sus hombros. ¡Muy apropiada para este tiempo pascual en el que recordaremos que Jesús es “el buen pastor”, tal como nos lo recuerda el Evangelio del 4º domingo de Pascua!

El tesoro más preciado
Sin embargo, si prestas atención, enseguida descubrirás que no se trata de una estampa sino que es la foto de un Sagrario. Puedes ver, hacia la izquierda, el hueco de la cerradura y también, más a la derecha, las bisagras de la puertecita que tiene una imagen tan sugerente.

En el Evangelio de Juan, Jesús afirma que Él es el buen pastor, el que está dispuesto a dar su vida por las ovejas y aquí lo vemos perfectamente expresado en la pintura. También san Lucas, en su Evangelio, nos dice que Jesús contaba a sus discípulos la parábola de la oveja perdida. Seguramente la recuerdas. Dice así: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla? Al encontrarla, se la echa a los hombros contento”. ¡El Sagrario nos muestra ese momento en que Jesús, lleno de alegría, carga con cualquiera de nosotros que estemos un poco extraviados y nos ayuda a regresar a su lado. ¡Verdad que es fantástico rezar mirando una pintura como esta justamente en la puerta del Sagrario, sabiendo que allí dentro está verdaderamente Jesús!

¿Dónde está el pelícano?
Sí, tal como lo lees. Tienes veinte segundos para descubrir, en esta foto nada más y nada menos que un pelícano.

¿Sabes lo que es? Un ave, bastante grande si la ves personalmente. ¡Empieza a contar el tiempo! ¡A buscar!

¿Lo has descubierto? Seguramente sí. Arriba de la puerta del Sagrario, en metal plateado hay un pelícano. Es un ave acuática, que acostumbra a sacar peces del mar con su gran pico. Tiene, también, un saco bajo el pico, con el que realiza esta pesca tan particular.

Pero no está aquí esta ave por sus cualidades como pescador sino porque, cuando ha pescado algo, va directamente al nido y golpe la parte baja de su pico para dejar caer, sobre las crías, la comida que ha podido encontrar. Durante mucho tiempo se pensó que, al golpear el pecho con el pico, en realidad el pelícano se estaba lastimando para dar de su propia carne a sus crías. Y por eso se aplicó a Jesús esta imagen (se llama “iconografía”) que, con su muerte en la cruz, nos dio nueva vida. Más aún, es la sangre de Jesús derramada en la cruz la que nos da la salvación, cae sobre nosotros.

Actualmente ya sabemos que lo que hace el pelícano es alimentar a sus crías, pero sigue siendo una imagen muy frecuente para referirse a la Eucaristía. No es extraño, por tanto, que aparezca un pelícano justamente en un Sagrario, donde se reserva el Cuerpo de cristo, la Eucaristía, el Pan de Vida que nos alimenta en esta vida y nos lleva al Cielo, a la vida eterna. En efecto, Jesús dijo “quien come de este pan vivirá eternamente” (Jn 6, 51).

¿Guardianes o guías?
A la derecha e izquierda del Sagrario vemos las imágenes de dos santos: santo Tomás, a la izquierda, y san Felipe Neri, a la derecha. A ambos santos está dedicada esta iglesia que está situada en Valencia. Por eso, son ellos mismos quienes flanquean el tesoro más importante de cualquier templo: el Sagrario, el lugar donde Jesús Eucaristía está vivo y dispuesto a hablar con nosotros, a escucharnos, ¡incluso a darse como comida! ¡Vaya tesoro!

Seguro recuerdas a santo Tomás. Es conocido por no estar presente el día de la resurrección… y después no querer creer a los demás apóstoles que Jesús se les había aparecido. A la semana siguiente, cuando Jesús resucitado se vuelve a aparecer, Tomás exclama “Señor mío y Dios mío”, una frase que quizás escuchaste decir a algunas personas en el momento de la consagración.

San Felipe Neri, por su parte, fue un santo italiano que vivió en el siglo XVI. Es muy conocido por ayudar a niños y jóvenes más pobres y desprotegidos. ¡Encomiéndate a estos santos!

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