Tu Palabra me da vida (domingo 4 de marzo, III de Cuaresma)

Artículo publicado en revista RIE de febrero de 2018.

Marcos 1, 14-20

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre

Aunque parezca algo de otra época, hoy está muy de moda la forma de acercarse a Dios que tanto enfadó a Jesús. Te lo voy a explicar. Jesús conocía a su Padre, trataba con él, sabía que en su corazón no hay lugar para discriminar entre pobres y ricos, paganos y fieles, hombres y mujeres, pues cuando Dios mira a la tierra solo ve hijas e hijos amados. El Templo, era la representación de una religión basada en la compra venta de favores, como si Dios necesitara que muriera una paloma o un buey para escuchar las necesidades de sus hijos. Hoy nos pasa igual, en muchas iglesias la gente se afana en echar monedas, encender velas, rezar novenas, hacer sacrificios, sin darse cuenta de que Dios solo quiere un corazón sencillo, abierto, sincero, capaz de reconocer sus necesidades y también sus capacidades para ayudar al hermano. Este domingo quédate un rato en la iglesia y reza con el corazón. Dios te escucha con cariño, aunque no le ofrezcas nada. Él no necesita velas, es la Luz; no necesita instrucciones, es el Camino; no necesita sacrificios es la Vida.

Reflexión de “Rezando voy” para este día.

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