Imágenes de santidad (02/18)

Artículo publicado en revista RIE de febrero de 2018

Una experiencia inolvidable

¡Seguimos de fiesta! Si en enero celebrábamos el día de San Manuel González, el 2 de febrero nos encontramos con un aniversario muy especial: un día como este, hace muchísimo tiempo, en el año 1902, nuestro gran amigo vivió un encuentro muy especial en Palomares del Río. ¿Te suena este nombre? Se trata de un pueblo de Sevilla al que san Manuel fue enviado a dar una misión, y allí se encontró con un Sagrario abandonado que dio lugar a un giro de 180 grados en su vida.

Antes de seguir recordando qué ocurrió ese día, vamos a detenernos en la imagen de Fano, que está muy relacionada con la experiencia de san Manuel. ¿Qué ves en ella? ¿Cómo está el Sagrario? ¿Qué tiene san Manuel entre sus manos? ¿Qué está haciendo? A su lado, en el suelo, hay una caja, ¿qué hay dentro de ella? ¿Sabes por qué se le conoce a san Manuel como el Obispo del Sagrario abandonado?

La historia
Cuando a san Manuel le ordenaron sacerdote, le enviaron durante unos días a Palomares del Río para que anunciar a la gente la Buena Noticia de Jesús. Él iba muy ilusionado, pensando que todo el mundo tendría muchas ganas de verle, de escucharle y de ir a Misa. Incluso se imaginaba a los niños jugando y corriendo alrededor de él. Pero, mientras iba de camino, el sacristán de la iglesia de Palomares, que le acompañaba, fue contándole una realidad muy diferente a la que soñaba san Manuel. Y es que la gente casi no iba a la iglesia, no le interesaba el tema de la fe.

Cuando san Manuel entró en la iglesia y fue al Sagrario, pudo observar las consecuencias de que la gente del pueblo no fuera a la iglesia. Como él lo cuenta muy bien, aquí te dejo sus palabras: «Un ventanuco con más telarañas que cristales, dejaba entrar trabajosamente la luz de la calle con cuyo auxilio pude distinguir un azul tétrico de añil, que cubría las paredes; unos manteles con encajes de jirones y quemaduras y adornos de goterones negros; algunas más colgaduras de telarañas, ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Y qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro del sacristán, que aun estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia, y salir corriendo para mi casa!».

Pero, a pesar de la decepción de san Manuel, no todo terminó ahí. El 2 de febrero no fue un día triste del todo, fue un día muy especial para él. En vez de salir corriendo, se quedó un rato con Jesús Eucaristía, y se dio cuenta de que su amor era tan grande que, a pesar de que nadie iba a verle, el seguía allí, amando a todos… Y de esta manera descubrió que Jesús tenía una misión muy importante para él. San Manuel lo cuenta así: «Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi sacerdocio en cuidar a Jesucristo… Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defender­lo contra el abandono y la ingratitud… Servirle de pies para llevarlo a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aun a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo… hasta que lo oigan y lo sigan… ¡Qué hermoso sacerdocio!».

A partir de este día empezó una historia inolvidable…¡de la que tú y yo formamos parte!

La imagen
Seguro que con todo lo que has leído hasta ahora comprendes mucho mejor la imagen de san Manuel. El Sagrario nos recuerda al de Palomares del Río, un poco descuidado y con telas de araña. San Manuel está dedicándose a repararlo, ¿sabes que significa esa palabra? Como ves lo está limpiando y lo está arreglando, por eso tiene la caja de herramientas a sus pies.

Pero lo que ves en la imagen tiene un significado que va más allá, y está muy relacionado con el lema de la RIE. ¿Recuerdas cuál es? “Ni Eucaristía sin niños, ni niños sin Eucaristía”. Esto quiere decir que san Manuel dedicó toda su vida a anunciar a todos (niños y mayores) que Jesús estaba en el Sagrario, esperándolos para amarlos con un amor infinito, y se las ingenió para encontrar la manera de acercar a los hombres a Jesús. En la imagen, san Manuel está reparando (arreglando) el Sagrario que está estropeado. En su vida quiso arreglar (reparar) esa gran distancia que muchas veces existe entre el hombre y Jesús Eucaristía. Llevar a cabo esta misión que le pidió Jesús en Palomares del Río le llenaba de una inmensa alegría.

Dispuesto a reparar
Para los que formamos la Familia Eucarística Reparadora, la experiencia de san Manuel que acabas de escuchar es muy conocida, no solo porque ya la conocían, sino porque hoy sigue habiendo personas que no se han dado cuenta de que Jesús les espera en la Eucaristía para que nunca se sientan solas. Por eso Jesús nos pide a nosotros que continuemos la misión que pidió a san Manuel de acercar a los demás a la Eucaristía. Ya sabes, ¡tienes una misión súper importante! ¿Estás dispuesto?

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